Diversificar las Exportaciones de Chile

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Por Tom Azzopardi

Pese a suscribir una serie de tratados de libre comercio, durante la última década Chile se ha vuelto más -no menos- dependiente de la exportación de un pequeño número de bienes básicos de muy alto precio. El desarrollo de alternativas mientras los precios del cobre siguen altos requerirá nuevas estrategias y enfoques.

Las exportaciones chilenas están en alza. El año pasado, el país exportó bienes por un monto de US$71.000 millones, un 31,5% más que en el 2009. Las exportaciones durante los 11 primeros meses del 2011 sumaron un total de US$74.000 millones, un alza del 17% frente al mismo período del año pasado.

Pero si bien el valor de las exportaciones chilenas está creciendo, la cesta de productos que el país vende al extranjero en realidad se está contrayendo. Según cifras de la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA) de Chile, la cantidad de productos que Chile exporta ha caído de manera constante de 5.302 en el 2005 a 4.938 en el 2010.

La razón es la mayor demanda y precio de una serie de bienes básicos que Chile produces en abundancia, explica Hugo Baierlein, gerente de comercio exterior de SOFOFA.                                                                                                                                                              

El cobre por sí solo ha correspondido a más de la mitad de las exportaciones chilenas en lo que va del año. Añada otros bienes básicos como la celulosa de madera, usada en la producción de papel, y el molibdeno, un subproducto de la minería del cobre, y la cifra se eleva a casi un 60% de las exportaciones del país, un alza respecto del 40% de hace una década.

Durante la última década y media, Chile ha suscrito una serie de tratados de libre comercio y otros pactos comerciales que otorgan a sus bienes y servicios acceso preferencial a mercados que representan a la mayor parte de la economía y la población del mundo.

El Gobierno y las empresas esperaban que bajar las barreras comerciales ayudaría a diversificar el comercio exterior de Chile lejos del cobre y otras exportaciones tradicionales a una gama más amplia de bienes y servicios.

Esto se refleja en la diversificación de las exportaciones al mercado estadounidense. En los primeros nueve meses del 2011, 1.962 empresas chilenas exportaron 1.734 productos a Estados Unidos –la mayor cantidad que cualquier otro mercado– y las exportaciones totales crecieron en un 34% a US$ 7.120 millones, lo que representa el tercer destino de exportación más importante de Chile después de China y la Unión Europea.

No obstante, las exportaciones de productos agrícolas y minerales aún domina la cesta de exportaciones de Chile. Se suponía que el sector manufacturero sería uno de los grandes beneficiarios de la agenda de libre comercio de Chile, pero eso se basó en parte en expectativas poco realistas. Cuando las firmas manufactureras de Chile ingresaron a nuevos mercados en Europa, América del Norte y Asia Oriental, pronto se encontraron con otras barreras, especialmente estándares de calidad.

“Pensamos que una vez que los acuerdos se firmaran, sería sencillo”, admite Baierlein. “Pero pronto nos dimos cuenta que los estándares eran muy altos”.

Estándares de Calidad

SOFOFA ahora trabaja estrechamente con el Gobierno y el Instituto Nacional de Normalización para desarrollar normas para una amplia gama de sectores a fin de facilitar que ellos ingresen a nuevos mercados.

Se han logrado significativos avances y la cantidad de firmas manufactureras chilenas se ha cuadruplicado en los últimos cinco años lo que trajo importantes beneficios a algunas partes de la economía.

Desde que se publicaron dos estándares de calidad para fósforos, por ejemplo, los fabricantes chilenos de fósforos ahora exportan a 12 países alrededor del mundo, señala Baierlein.

Los estándares de calidad no solo ayudan a las empresas chilenas a competir en el extranjero, sino que también hacen más difícil que firmas extranjeras exporten productos de pésima calidad a Chile, lo que protege tanto a las empresas locales como a los consumidores despistados.

Pero tan rápidamente como las firmas chilenas cumplen con un tipo de estándar, aparecen otros nuevos. Los supermercados europeos exigen cada vez más que los productos exhiban su huella de carbono. Varias viñas chilenas ya han invertido en energía renovable o están plantando árboles para reducir o contrarrestar las emisiones de gases de efecto invernadero. Otras han adoptado etiquetas de comercio justo, certificando la calidad de sus relaciones laborales. Los estándares sobre el consumo de agua podrían ser los próximos en la lista.

Apreciación de la Moneda

El éxito de Chile en la exportación de cobre y otros bienes básicos ha traído miles de millones de dólares en ingresos tributarios y extranjeros, pero ha resultado ser un arma de doble filo para la economía en su conjunto. A medida que el valor de las exportaciones minerales de Chile se ha disparado producto de la aparentemente insaciable demanda china, el peso chileno se ha apreciado.

Conocida como la Trampa China, esto ha ejercido una presión terrible sobre sectores altamente sensibles a los precios como los exportadores de fruta y los productores de vino.

“Nuestra competitividad se ha visto afectada, los márgenes han caído y el nivel de endeudamiento de la industria ha aumentado”, explica Ronald Bown, presidente de la Asociación de Exportadores de Chile (ASOEX).

Cuando el dólar estadounidense amenazó con traspasar la barrera de los 460 pesos chilenos este año, miles de agricultores del Valle Central, el corazón agrícola de Chile, realizaron una importante protesta exigiendo más respaldo del Gobierno. La prolongada debilidad del dólar podría significar una caída del empleo en un sector que da trabajo a cerca de medio millón de chilenos.

Si bien el Banco Central de Chile ha tratado de apuntalar al dólar, mediante la compra de US$12.000 millones en subastas diarias, es posible que siga débil dado que se proyecta un lento crecimiento para la economía estadounidense.

En tanto, Bown afirma que el Gobierno podría hacer mucho más para apoyar a la agricultura proporcionando más recursos destinados a controles fitosanitarios y el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), además de invertir en la imagen de Chile en el extranjero.

Sin embargo, la respuesta real yace en reconvertir al sector hacia productos y mercados menos vulnerables.

Apuntar a la Calidad

Los tratados de libre comercio ya han permitido que la agricultura chilena haga significativas incursiones en los que alguna vez fueran cerrados mercados asiáticos, diversificando los mercados que la industria atiende. La región del Asia Pacífico hoy en día corresponde al 14% de las exportaciones de frutas, lo que se compara con los casi nada de comienzos del siglo.

Pero el sector también necesita experimentar con variedades destinadas a clientes de mayor valor e invertir más en capacitar a sus trabajadores a fin de incrementar la competitividad y reducir la sensibilidad a fluctuaciones en la tasa de cambio.

“El sector tiene sólidas perspectivas de crecimiento en el mediano plazo si las cosas se hacen bien y logramos llevar a cabo un importante proceso de reconversión”, señala Bown.

La industria vitivinícola de Chile está adoptando una estrategia similar.

A fin de duplicar las exportaciones a US$3.000 millones anualmente en el 2020, la industria necesita concentrarse más en la calidad que en la cantidad. A medida que más productores se especializan en vinos premium, el sector espera poder elevar el precio promedio por caja de 12 botellas de los US$27 actuales a US$37.

Sin poder competir por costos laborales, los fabricantes chilenos solo tendrán éxito en el extranjero si apuntan a mercados de nicho de mayores ingresos, sostiene Baierlein de SOFOFA.

Por ejemplo, la industria textil se ha replegado en los últimos años de cara al vestuario chino barato, pero el sector podría aprovechar mejor las normas de denominación de origen en tratados de libre comercio para importar tela y exportar prendas de alta calidad. Algunas empresas, como Trial, ya están cosechando los beneficios, vendiendo trajes de hombre en tiendas minoristas de Nueva York entre US$600 y US$700.

Promoción del Turismo

Si bien no es estrictamente una exportación, el gobierno ve al turismo entrante como otro medio para atraer ingresos extranjeros. La cifra de visitantes extranjeros en Chile se ha duplicado en la última década a más de 2,7 millones el año pasado, con un fuerte incremento en la cantidad de visitantes de Europa y América del Norte, quienes tienden a quedarse más tiempo en el país y a gastar más.

Los atractivos de Chile desde los fiordos de Aysén hasta el desierto de Atacama son de clase mundial y el país está bien equipado con infraestructura turística como hoteles cinco estrellas, vuelos locales y buenos caminos aún en áreas remotas, sostiene Francois Carrere, gerente general de CTS Turismo, uno de los mayores operadores de tours privados del país.                                                                                                     

En enero del 2011, el Gobierno reconoció la importancia del turismo para la economía al lanzar una nueva Subsecretaría de Turismo, dependiente del Ministerio de Economía. Además, AmCham está trabajando con el ministerio y asociaciones de la industria para hacer las regulaciones laborales más flexibles y, por consiguiente, mejorar la competitividad del sector.

Pero Chile aún está muy rezagado en términos de promoción del turismo. Otros países -como Colombia, Perú y Uruguay- ya exhiben ingeniosas campañas en televisión tentando a los extranjeros con sus atractivos. La primera campaña de Chile, por otra parte, se limita a avisos en los buses o trenes subterráneos de cuatro mercados clave: Brasil, Alemania, España y Estados Unidos.

Sin embargo, la real barrera para incrementar el turismo entrante son las insuficientes conexiones aéreas, señala Carrere. Hoy en día el país es mal atendido con apenas un puñado de aerolíneas que controlan rutas clave hacia los principales mercados de Chile, en especial en Europa.

Si bien el Gobierno está trabajando para expandir el cada vez más saturado aeropuerto internacional de Pudahuel en Santiago con un nuevo terminal que debe estar terminado en el 2017, la industria está ansiosa por ver qué impacto tendrá la fusión de la aerolínea chilena LAN Airlines con su rival brasileña TAM. Pese a que la creación del mayor operador de América latina concentrará aún más los mercados de aviación de la región, los operadores esperan que la nueva empresa aumente la conectividad en especial hacia Brasil y Europa. Vuelos directos a más ciudades en Brasil expandirían enormemente el alcance de Chile en sus mayores mercados.

La industria tampoco ha hecho mucho por abordar a los enormes mercados asiáticos al otro lado del Pacífico, afirma Carrere. La cantidad de visitantes de Japón, India y Rusia sigue siendo muy pequeña comparada con su potencial, pero de nuevo las conexiones aéreas siguen siendo un cuello de botella. En contraste, la industria ha podido construir importantes mercados en Australia y Nueva Zelanda, gracias a los vuelos directos hacia Sidney y Auckland, afirma.

¿Una Plataforma de TI?

Las conexiones no son un problema para el pujante sector de tecnologías de la información de Chile. Sus capacitados profesionales, zona horaria común con la costa Atlántica de Estados Unidos y su infraestructura de comunicaciones de clase mundial –una de las mejores de la región– han convertido a Chile en una base natural para un creciente número de firmas de tecnología, señala Raúl Ciudad, presidente de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de la Información (ACTI).

Hasta ahora la industria se concentra ampliamente en el mercado local –apenas US$500 millones de los US$4.000 millones invertidos en TI el año pasado se relacionaron con exportaciones– pero al unir fuerzas con servicios financieros, de ingeniería y otros profesionales, los líderes empresariales creen que Chile podría convertirse en un centro para una serie de servicios globales

“Estimamos que podemos incrementar las exportaciones de servicios globales a cerca de US$5.000 millones dentro de unos años, un alza frente a los US$2.000 millones actuales”, calcula Ciudad.

No obstante, la mayor barrera es la falta de personal capacitado. Si bien los ingenieros chilenos son respetados (se les considerada más equilibrados que sus colegas de otras partes del mundo) y representan un costo casi un 40% inferior a sus contrapartes estadounidenses, hay muy pocos de ellos. La cantidad de estudiantes se puede haber disparado en la última década, pero la cantidad que opta por carreras de carácter técnico se ha rezagado.

“Los jóvenes parecen preferir carreras que perciben como más sencillas como periodismo o sociología”, se lamenta Ciudad.

ACTI y otros agrupaciones empresariales están tratando de persuadir al Gobierno sobre la necesidad de una campaña que convenza a los egresados de educación secundaria de optar por carreras técnicas mejor remuneradas, pero el tema se ha perdido en medio del debate de este año sobre si los estudiantes deberían pagar por su educación.

De igual forma, la industria enfrenta una enorme escasez de personal competente en inglés. Casi la mitad de la fuerza laboral de TI de Chile habla inglés lo que se compara con el 3% a nivel nacional. Esto hace mucho más difícil para Chile llenar los call-centers y mesas de ayuda en los que podría sobresalir. La falta de habilidades idiomáticas también perjudica el desarrollo de los servicios de turismo, sostiene Carrere.

El Tamaño lo es Todo

Otro problema que enfrentan los potenciales exportadores es el tamaño. La mayoría de las compañías chilenas, desde las de TI hasta las de manufactura, son pequeñas empresas con un puñado de empleados dedicado a atender a una pequeña cantidad de clientes y productos.

Incluso un pedido de una pequeña firma estadounidense inundaría sus libros, señala Baierlein de SOFOFA. En respuesta, el Gobierno está tratando de alentar a las firmas chilenas a unir fuerzas con el fin de poder aprovechar las oportunidades en estos mercados más grandes.

Otro estratega es asumir objetivos más pequeños. Las empresas chilenas esperaban que los tratados de libre comercio abrieran una mina de oro de oportunidades al permitirles participar en licitaciones de compras públicas en Estados Unidos y Europa, pero esto no ha pasado, en parte porque muchas empresas chilenas carecen de la escala necesaria.

De modo que SOFOFA planea encabezar misiones que permitan a las empresas chilenas participar en licitaciones en mercados más pequeños en la región antes de tratar de pescar a un pez más grande.

“Comenzaremos con Colombia, Paraguay y Costa Rica, lograremos algunos éxitos y solo después de eso avanzaremos hacia Estados Unidos”, explica Baierlein.

Otro aspecto de la red de tratados de libre comercio de Chile es el potencial para convertir al país en una plataforma de negocios. Al explotar las normas de denominación de origen incluidas en los pactos, las empresas de otros países podrían emplear a Chile como un trampolín hacia mercados que de lo contrario estarían cerrados a sus productos.

Varias firmas europeas ya han instalado operaciones en Chile por el acceso que la nación ofrece a China y Estados Unidos. “Estamos viendo empresas españolas aquí a razón de una o dos por semanas”, sostiene Baierlein.

Tales inversiones, por supuesto, podrían ser vulnerables a la suscripción de otros acuerdos. El fabricante francés de automóviles Peugeot solía ensamblar autos en Chile para los mercados mexicano y colombiano, pero cuando México suscribió un tratado de libre comercio con la Unión Europea en el 2000, Peugeot trasladó sus operaciones a Francia y Chile perdió exportaciones avaluadas en cerca de US$700 millones al año.

Sin embargo, la postura cada vez más proteccionista adoptada por Argentina y Brasil -socios en el Mercosur de Chile- hace muy poco probable que suscriban pactos comerciales con Estados Unidos y, como resultado, las firmas están haciendo fila para invertir en Chile.

Atraer inversión extranjera y explotar oportunidades de nicho es vital si Chile quiere reducir su dependencia del cobre, el molibdeno y la celulosa. Desarrollar nuevos productos y servicios es especialmente difícil cuando los altos precios del cobre debilitan su competitividad, pero cuando el auge del cobre finalmente termine, como debe ocurrir, Chile tendrá que volcarse hacia estas alternativas.

Tom Azzopardi trabaja como periodista freelance en Santiago