Agosto, 2011
Ministro de Defensa de Chile, Andrés Allamand

De la Defensa a la Seguridad Pública

Por Ruth Bradley
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Para la pequeña y abierta economía de Chile, la globalización sin duda ha traído muchos beneficios, pero -a juicio del ministro de Defensa de Chile, Andrés Allamand- también ha traído consigo una nueva responsabilidad de contribuir a mitigar las amenazas que comparten los países alrededor del mundo y que son inherentes al “lado oscuro” de la globalización. O, dicho de otra forma, avanzar desde una política de defensa tradicional hacia una política de seguridad.

 

En el marco de un desayuno de AmCham celebrado el 12 de agosto, el ministro Allamand explicó la diferencia entre ambas. La defensa, sostuvo, se trata de protegerse contra una potencial amenaza militar presentada por una fuente claramente definida e identificada, mientras que la seguridad tiene que ver con amenazas cuya naturaleza es más diversa y más difusa.

 

Los ejemplos típicos de este último tipo de amenazas son el terrorismo, el tráfico de drogas y el crimen organizado. Sin embargo, la mayor parte de las definiciones modernas también incluyen cuestiones como la seguridad del abastecimiento energético -que en la actualidad es una preocupación vital para Chile- y vulnerabilidades tales como la pobreza extrema, la inequidad y la inmigración ilegal.  

 

Estos riesgos no solo están interconectados -vinculados por su capacidad de socavar instituciones- sino que también trascienden las fronteras e instan a una cooperación internacional. Como resultado, las políticas de defensa nacional como se entendían de manera tradicional ya no son suficientes para un país integrado con el resto del mundo, aseveró el ministro Allamand.

 

La política de defensa de Chile ha sido clara desde hace mucho tiempo. “Como a menudo enfatiza el Ministerio de Relaciones Exteriores, no tenemos ninguna atención agresiva hacia ningún otro país o reclamos territoriales en contra de nuestros vecinos”, afirmó Allamand, “pero sí tenemos una capacidad militar defensiva y disuasiva”.

 

No obstante, ahora tal como otros países -Brasil en el 2008, Australia en el 2009, el Reino Unido en el 2010 y, más recientemente, España- Chile está revisando su política de defensa a la luz de estos riesgos menos tradicionales y sus responsabilidades internacionales. Los resultados, que se espera sean publicados este año, servirán como base para una discusión abierta, que incluya no solo el Congreso sino que también a la comunidad académica y, por ejemplo, asociaciones comerciales, prometió Allamand.

 

Las amenazas a la seguridad no son tan remotas como parecen, advirtió a los socios de la AmCham y sus invitados presentes en el desayuno. Una razón de ello es que “somos parte de América Latina”, afirmó.

 

Pese al crecimiento y la estabilidad de los últimos años, las instituciones en muchos países latinoamericanos siguen siendo frágiles, destacó. Y, medida según la tasa de homicidios, es la región más violenta del mundo.

 

Y, en el caso de Chile, las amenazas se están acercando, resaltó. Los esfuerzos de Colombia por aumentar su seguridad han significado un desplazamiento hacia el sur de las plantaciones de coca que entregan la materia prima para la cocaína. Ellas se han trasladado hacia Perú y Bolivia o, en otras palabras, justo al lado de Chile, hizo hincapié.

 

En consecuencia, el tráfico de drogas también se ha desplazado hacia el sur. “Y eso obviamente no es solamente un problema de la policía”, sugirió Allamand.

 

En ese contexto, la larga frontera de Chile -que cuenta con relativamente pocos pasos fronterizos formales- constituye una creciente preocupación. Más aún, los denominados corredores bioceánicos -tramos viales y ferroviarios que se extienden a través de la región desde el océano Atlántico al océano Pacífico- que se están construyendo para facilitar el intercambio comercial, facilitan de igual forma las actividades ilícitas, advirtió.  

 

En Chile, los controles fronterizos son manejados por la policía de acuerdo con las instrucciones del Ministerio del Interior, en lugar de por las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa. “Pero se necesita mucha más protección”, admitió Allamand, quien identificó a estos como un área en que las Fuerzas Armadas pueden contribuir en un rol secundario.

 

El terrorismo, que en apariencia es una amenaza remota en Chile, también requiere ser considerado, añadió. “Esta cada vez más claro que el terrorismo está mutando desde una amenaza impuesta por organizaciones como Al Qaeda o, por ejemplo, las FARC a uno presentada por individuos”, sostuvo.

 

Tome, por ejemplo, el atentado sufrido por Noruega a fines de julio. La nación europea no se salvó por su estatus como uno de los países más desarrollados del mundo o su alto nivel de equidad y protección de los derechos civiles, destacó el ministro Allamand.

 

Otro tema emergente en materia de seguridad es la protección de los recursos naturales. “En la historia de la humanidad, ellos siempre han sido una fuente de conflicto entre países”, dijo el personero de Gobierno a los miembros de AmCham.

 

Brasil, por ejemplo, ha definido la protección y el desarrollo sustentable del Amazonas como parte de su nueva estrategia de seguridad. “Decidió que tiene una reserva estratégica que garantiza su posibilidad de emerger en el futuro como una potencia a escala mundial”, resaltó el ministro.

 

La seguridad, en otras palabras, se ha convertido en un tema no sólo de defensa de la soberanía territorial de un país. Sino que ahora es también el tema mucho más amplio del marco al interior del cual los países -y sus empresas- pueden ir tras el crecimiento y el desarrollo de manera segura.  

 

Ruth Bradley trabaja como periodista freelance en Santiago y es ex editora de bUSiness CHILE.