Julio, 2011

Marchando hacia el Desarrollo

Por Por Julian Dowling
PrintPrintEnviar a un amigoEnviar a un amigo
Ministro Secretario General de la Presidencia, Cristián Larroulet

El centro de Santiago se ha convertido en un campo de batalla en los últimos meses. Cansados con lo que ven como una falta de avances en áreas que van desde la educación hasta el medio ambiente y los derechos de los homosexuales, miles de chilenos han marchado frente al Palacio Presidencial de La Moneda en demanda de cambios. La mayoría de los manifestantes han tenido una actitud pacífica, pero una minoría ha aprovechado la oportunidad para enfrentarse a la policía y destruir la propiedad pública.

Esto difícilmente era lo que el presidente Sebastián Piñera tenía en mente cuando asumió el mando de la nación hace unos 16 meses. Desde entonces, su tasa de aprobación ha caído y su Gobierno ha enfrentado una serie de contratiempos que han agotado la energía de sus ministros.

Sin embargo, en el desayuno de AmCham celebrado el 30 de junio, el ministro Secretario General de la Presidencia, Cristián Larroulet, aseguró a los miembros de la Cámara que aún en estos tiempos difíciles el Gobierno no ha perdido de vista su meta y sigue trabajando en una serie de reformas económicas, sociales y políticas.

Algunas reformas clave corresponden a educación. Muchos estudiantes universitarios están fuertemente endeudados debido a los altos costos de los aranceles y, el mismo día del desayuno, miles de ellos marcharon en Santiago exigiendo una educación gratuita. No obstante, Larroulet señaló que esta demanda es poco realista en un país con un salario promedio que equivale a menos del 50 por ciento del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

“Hay aspiraciones, deseos de caminar mucho más rápido de lo que se puede”, afirmó el ministro.

El problema es que Chile recién está despertando tras una “siesta” de 10 años, luego de la crisis económica de 1998. Durante ese período el crecimiento de la productividad se estancó, mientras que el crecimiento económico se redujo a la mitad de la tasa de crecimiento promedio de un 6 por ciento anual observada durante mediados de la década de los 90.

Esto ha conducido a un “juego de suma cero” dañino en términos políticos, dijo Larroulet. “Cuando los países no crecen (…) empieza la discusión en la sociedad sobre cómo se reparte la torta que está estática”.

El presidente Piñera prometió en mayo del año pasado que Chile se convertirá en un país desarrollado para fines de esta década. Pero escapar de la trampa del “ingreso medio” que impide que los países salten a las grandes ligas de la economía mundial, significa que Chile debe promover el emprendimiento al tiempo que mejora la distribución del ingreso, indicó el funcionario de gobierno.

Desde el siglo XIX, cuando Chile era el segundo país más importante de América Latina después de Argentina, los académicos han escrito sobre el caso del “desarrollo frustrado” del país. Hace una década, el ex presidente Ricardo Lagos predijo que Chile alcanzaría el desarrollo para el Bicentenario, el año pasado. No obstante, el ingreso per cápita de Chile en torno a los US$15.000 se ubica US$7.000 por debajo de su meta.

Ahora el presidente Piñera tomó el bastón de mando, pero su período tuvo un comienzo volátil. Larroulet recordó a los miembros de la Cámara el devastador impacto del terremoto del 27 de febrero del 2010, que azotó al país días antes de que el presidente Piñera asumiera como mandatario. Las pérdidas totales se estimaron en US$30.000 millones, o un 18 por ciento del PIB, y tuvo un alto costo político.

La redistribución de recursos para ayudar a las áreas más golpeadas por el desastre significó que las regiones pobres del norte, responsables de la mayor parte de la producción de cobre de Chile, recibieran menos financiamiento que el contemplado originalmente, manifestó el ministro, refiriéndose a las recientes protestas en la ciudad de Calama.

Sin embargo, pese a los desafíos de la reconstrucción, se espera que la economía de Chile registre en el 2011 la mayor tasa de crecimiento de los países miembros de la OCDE, cerca del 6,5 por ciento frente al promedio mundial del 4,2 por ciento. Esto es posible gracias a los sólidos fundamentos económicos de Chile basados en altos niveles de inversión, particularmente en minería y energía, y con un énfasis en la innovación.

A fin de promover el emprendimiento, el Gobierno aprobó una ley este año que redujo el tiempo que se necesita para que una empresa inicie sus actividades en Chile de 27 a 16 días. Y Larroulet aseveró que el Gobierno planea reducir este lapso a “entre uno y dos días” como en Nueva Zelanda, que encabeza los rankings mundiales en materia de mayor facilidad para crear una empresa.

El desempleo ha caído de manera sostenida, en parte debido a una ley que exime a las pequeñas empresas de pagar impuesto a la renta si reinvierten sus ganancias. “No hay bala de plata, hay un conjunto sistemático de pequeñas reformas todas orientadas en la misma dirección”, sostuvo Larroulet.

Pero mejorar la educación pública, que afecta de manera directa la inequidad en la distribución de los ingresos, sigue siendo “la madre de todas las batallas”, destacó el ministro.

Chile no puede costear una educación universitaria gratuita para todos, pero los fondos se podrían distribuir mejor. Por ejemplo, deberían incrementarse los subsidios para los institutos profesionales de Chile que reciben mucho menos financiamiento por alumno que las universidades públicas. “Entonces hay una inequidad en el acceso a los recursos enorme”, afirmó Larroulet.

Y no todo tiene que ver con el dinero. Pese al enorme incremento en la inversión pública en educación y la mayor cobertura en la última década, los resultados académicos de los estudiantes siguen siendo débiles comparados con los estándares internacionales, en particular en áreas clave como ciencias y matemáticas.

El Gobierno ha logrado algunos avances. Un paquete de reformas aprobadas el año pasado apunta a mejorar la calidad del aprendizaje en la sala de clases al facultar a los rectores de los colegios a despedir a los malos profesores y recompensar a los buenos. Una segunda reforma creará un nuevo regulador de los colegios y cerrará aquellos que no logren los estándares mínimos.

Estos no son tiempos sencillos, pero el Gobierno de Chile está enfrentando los desafíos de un país aún en desarrollo, en lugar de ponerlos “debajo del colchón”, aseveró Larroulet.

El ministro concluyó su intervención señalando que se ha avanzado mucho en un año, pero que aún hay mucho por hacer.

Julian Dowling es editor de bUSiness CHILE