Atraer Inversión Extranjera
Por Julian DowlingEn tiempos de incertidumbre económica global, la reputación de estabilidad política y económica de Chile es una oportunidad para atraer más inversión extranjera directa. Pero para que Chile genere exportaciones de valor agregado es necesario que ofrezca incentivos a los inversionistas y aborde desafíos en áreas como tributación y propiedad intelectual.
En el 2010, Chile se ubicó por primera vez entre los 20 principales receptores de inversión extranjera directa (IED) a nivel mundial. Según el Informe Mundial de Inversiones 2011, publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Chile se ubicó en el décimo noveno lugar del mundo y en el tercero a nivel latinoamericano después de Brasil y México, ambas economías mucho más grandes que la de Chile.
Y el 2011 fue otro buen año para la IED. Hasta octubre, los ingresos por IED a Chile sumaron un total de US$13.880 millones, lo que representa un alza frente a los US$13.730 millones del mismo período del 2010, que fue un año récord.
El 2011 ha sido “un muy buen año en materia de IED en Chile”, señala Matías Mori, vicepresidente ejecutivo del Comité de Inversiones Extranjeras de Chile.

Para las distintas empresas multinacionales que han establecido sus oficinas regionales en Chile, esto no es una sorpresa. Según numerosos rankings internacionales sobre libertad económica, transparencia y ambiente para los negocios, Chile tiene uno de los mejores climas para la inversión en la región. De forma crucial, también ofrece una red de tratados de libre comercio que dan a los exportadores acceso al 62,5% de la población mundial.
En tanto, la inversión extranjera ha traído importantes beneficios a Chile incluidos empleo, innovación, transferencia tecnológica, capacitación y el desarrollo de servicio.
“La inversión extranjera ha sido decisiva en el desarrollo económico de Chile y es fundamental para alcanzar las metas de crecimiento [económico] que se ha propuesto nuestro Gobierno”, afirma Mori.
Desde el año 1974, cuando la economía de Chile comenzó a abrirse, Estados Unidos ha sido por lejos su mayor inversionista extranjero, correspondiendo a cerca de un cuarto de los ingresos totales en virtud del Estatuto de Inversión Extranjera D.L. 600. La nación norteamericana es seguida por España (18,7%) y Canadá (17,7%).
Sin embargo, excepto en el 2009 cuando la gigante minorista Walmart adquirió una participación controladora en la cadena chilena de supermercados D&S por US$2.7000 millones, la IED de empresas estadounidenses cayó de un promedio cercano a los US$1.000 millones en la década de los 90 a la mitad de ese monto o menos.
En tanto, la inversión asiática en Chile está subiendo. Japón fue el origen del 48,2% de la IED que ingresó a Chile en los primeros nueve meses del año principalmente debido a las importaciones de materias primas necesarias para la reconstrucción tras el terremoto y tsunami de marzo de 2011.
Corea se ubicó en quinto lugar con el 3,7% de la IED, lo que es significativo si se considera su insignificante inversión histórica en Chile. El Comité de Inversiones Extranjeras también recibió, a través del estatuto D.L. 600, solicitudes de inversión de dos firmas chinas por un total de US$205 millones.
“Si se considera que entre 1974 y 2010 la inversión china materializada a través de este mecanismo alcanza sólo los US$85 millones, estaríamos hablando de un crecimiento de un 141% respecto del total histórico”, analiza Mori.
Pero la inversión china sigue siendo una miseria respecto de la IED de Estados Unidos. Esto se puede atribuir a una combinación de factores, señala Francisco Garcés, miembro del directorio de Banco de Chile y presidente de la Cámara de Comercio Asia-Pacífico de Chile.
Ello se debe en parte a que China prefiere invertir en países como Perú y Brasil con menos restricciones ambientales y menores costos laborales que Chile.
“Habrá más inversión desde Asia en el futuro, pero Chile tiene que cortar la burocracia y reducir los costos para los inversionistas”, señala Garcés.
Mejorar la productividad es especialmente importante para las exportaciones de valor agregado. El sector minero que requiere mucho capital continúa atrayendo cerca de un tercio de la IED total de Chile, pero otros sectores incluidos los de servicios y manufactura están creciendo.
El sector de servicios, que incluye servicios financieros y desarrollo de software, representa el 22% de la IED.
Mori sostiene que los servicios profesionales de Chile son cada vez más calificados y reconocidos a nivel internacional, lo que ha contribuido a la diversificación de las exportaciones del país.
El sector manufacturero, que recibe un 11,3% de la IED, también se está expandiendo. La inversión en la agroindustria ha sido importante para diversificar la cesta de exportación de Chile mediante la incorporación de nuevas tecnologías que incrementan la eficiencia.
Más aún, este sector tiene un alto potencial de crecimiento a medida que empresas extranjeras se establecen en Chile para suministrar productos alimenticios de calidad a sus propios países, afirma Mori.
Pero hay importantes temas legales y regulatorios que Chile debe abordar si aspira a atraer más IED en estos sectores y acelerar la diversificación de su base de exportaciones.
Chile ha logrado algunos avances en el combate de la piratería, pero en el 2011 se mantuvo, por quinto año consecutivo, en la Lista de Vigilancia Prioritaria de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR, por su sigla en inglés) de países que no han protegido de manera adecuada la propiedad intelectual.
Esto se debe principalmente a la extendida piratería de música y películas estadounidenses en DVD protegidas por el derecho de autor. “Tenemos una debilidad en esta área, pero el Gobierno ha tomado algunas medidas para abordar el problema”, sostiene Esteban Elías, abogado de Microsoft Chile y profesor de derecho de la Universidad Central en Santiago. 
Una legislación aprobada en el 2010 aumentó las penas para violaciones a la propiedad intelectual, pero hasta ahora su efecto ha sido limitado y es necesario mejorar la aplicación de la misma, señala Elías.
Otra área que Chile debería abordar son los impuestos. Chile suscribió un Acuerdo para Evitar la Doble Tributación con Estados Unidos en el 2010, el que se suponía reduciría la carga tributaria paras las empresas y las personas que deben informar sus ganancias en ambos países, pero el pacto aún no se ratifica.
El principal obstáculo se relaciona con la falta de incentivos económicos para empresas localizadas en ambos países. “Las empresas estadounidenses en Chile ya reciben beneficios tributarios en Estados Unidos y viceversa para las empresas chilenas”, afirma Elías.
Más aún, si bien el acuerdo tiene el potencial de hacer que Chile sea más atractivo para los inversionistas estadounidenses, algunas empresas de Estados Unidos en Chile podrían preferir que no se ratifique dado que generaría más competencia, añade Elías.
Otro impedimento es la falta de implementación de normas y regulaciones que permitan el intercambio de información entre las autoridades tributarias. Una ley promulgada en el 2009 como condición del acceso de Chile a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) otorgó al Servicio de Impuestos Internos (SII) de Chile acceso a información bancaria personal para compartir con las autoridades en otros países, pero aún están pendientes otras reformas.
En tanto, se podrían emplear otros incentivos tributarios para atraer IED al sector de tecnologías de la información (TI). “Uruguay ha hecho un excelente trabajo al ofrecer incentivos impositivos a los exportadores de TI, Chile podría hacer algo similar”, señala Elías.
Pero los incentivos tributarios por sí solos son insuficientes sin una oferta de graduados calificados que hablen inglés. “Chile tiene muchos profesionales talentosos, pero no suficientes de ellos hablan inglés”, comenta Elías. “Eso es un gran problema”.
Claramente, la actual situación económica de Norteamérica y Europa es una oportunidad para que Chile, que es considerado por los inversionistas como un refugio en tiempos de incertidumbre, atraiga más IED a sectores como TI, energías renovables, turismo y agroindustria.
“Tenemos que aprovechar esta coyuntura, especialmente para atraer inversiones asiáticas”, asevera Mori.
Pero la oportunidad no estará siempre y Chile debe actuar con rapidez, cuán exitoso sea en esta tarea podría hacer la diferencia entre lograr o no las metas de desarrollo del Gobierno.