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Julio, 2012

Emprendimiento en Chile: Más allá de las Empresas Emergentes

Por Julian Dowling
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Más de 100.000 nuevos negocios se han creado en Chile en los últimos dos años debido a que programas de carácter público junto con la inversión privada han alentado a los chilenos a convertirse en sus propios jefes, pero se requiere más capital de riesgo para permitir que prometedoras empresas emergentes se expandan a nivel global.

Cuando Nathan Lustig, un emprendedor de Wisconsin de 26 años de edad, llegó a Chile en el 2010 para desarrollar su empresa emergente de planificación de activos digitales Entrustet con dinero proporcionado por Start-Up Chile, un programa gubernamental que entrega a cada emprendedor US$40.000 para que gaste en seis meses desarrollando su idea en Chile, se dio cuenta de que muchos de sus amigos chilenos no estaban demasiado emocionados con el emprendimiento.

“Muchos miraban a los emprendedores simplemente como desempleados”, afirma.

Pero eso ha cambiado, según Lustig, quien el año pasado vendió Entrustet a un competidor europeo y volvió a Chile en enero para incorporarse a Welcu, una empresa emergente de gestión de eventos corporativos.

“Chile aún tiene un largo camino por recorrer para igualar la cultura de emprendimiento de Estados Unidos, pero las cosas están avanzando en la dirección correcta”, afirma.

Esto queda demostrado en el creciente número de chilenos que se arriesgan con el emprendimiento. Desde que el presidente Sebastián Piñera asumió el mando de la nación en marzo del 2010, los chilenos han iniciado más de 100.000 nuevos negocios, que era la meta del Gobierno para los cuatro años de su período. Esto incluye 15.007 solo en los primeros tres meses de este año, un alza del 37% frente al mismo período del 2011, según cifras del Ministerio de Economía.

Estas cifras son particularmente impresionantes en una economía con pleno empleo, o cerca de él. Alrededor del 30% de la actividad emprendedora total en Chile aún se debe a la necesidad y la mayoría de las nuevas empresas tienen menos de cinco empleados, pero el porcentaje con la ambición de crecer está aumentando.

Según el informe del 2011 de Global Entrepreneurship Monitor (GEM) [Monitor Global de Emprendimiento], el 23,7% de los chilenos encuestados indicaron que comenzaron un nuevo negocio dentro de los últimos tres años y medio -casi 1 de cada 4 chilenos-, lo que se compara con el 17% de hace tres años. De estos, el 17,6% indicó que planeaba contratar a 20 o más personas en los próximos cinco años, un incremento frente al 14% del 2009.

“El informe muestra que Chile ha alcanzado un punto de inflexión en términos de actividad emprendedora”, sostiene José Ernesto Amorós, director de investigación de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo, la que participa del estudio de GEM.

Parte del incremento en la creación de nuevos negocios, tras una década de lento crecimiento, se puede explicar por un cambio cultural en la sociedad chilena en los últimos cinco años que ha aumentado la “valorización social” del emprendimiento, dice Amorós. 

Y, debido a que el emprendimiento se ha puesto de moda, la cantidad de dueños de pequeños negocios que se autodenominan “emprendedores” -desde el vendedor de empanadas en la esquina al fundador de una empresa emergente de Internet– está en alza.

“Ser un emprendedor aún no es fantástico en muchos círculos, pero a medida que surgen historias de éxito, algunas actitudes están cambiando”, nota Lustig. 

A juicio de Cristián López, director ejecutivo de la Asociación de Emprendedores de Chile (ASECH), Chile se parece a Silicon Valley o Israel, un pequeño país, como Chile, que ha desarrollado una enorme industria de alta tecnología en la última década.

“Es emocionante, está pasando mucho en términos de emprendimiento”, asevera López. “Chile está comenzando a ser visto como un país de emprendedores, lo que no era así hace unos pocos años”.

El Año del Emprendimiento

Pero la explosión emprendedora de Chile no habría sido posible sin el respaldo del sector público. El presidente Piñera entiende la importancia del emprendimiento como una herramienta para incrementar la movilidad social y cumplir la meta del Gobierno de convertir a Chile en un país desarrollado dentro de esta década.

De hecho, el mandatario ha declarado que este sea el Año del Emprendimiento de Chile, seguido el próximo por el Año de la Innovación. Esto incluye medidas para reducir el papeleo para los emprendedores y una serie de eventos a lo largo del país organizados por la estatal Corporación de Fomento de la Producción (CORFO).

“Hoy en día, hay mucha más preocupación por los emprendedores que hace 10 años. Este Gobierno ha puesto mucho énfasis en este tema”, dice Andrés Concha, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) de Chile.

Por ejemplo, ha reducido el tiempo que se necesita para iniciar un nuevo negocio de 27 días a 7 y un proyecto de ley que está actualmente en el Congreso permitiría que este procedimiento se termine en un solo día y sin costo, lo que Concha asevera sería una bendición para los emprendedores.

En enero, CORFO creó una nueva Gerencia de Emprendimiento para coordinar y expandir los programas de la entidad en áreas como capital de riesgo, garantías de créditos y capital semilla. Pero no se trata solo del dinero, señala Cristóbal Undurraga, gerente de emprendimiento de CORFO.

“El dinero es importante, se necesita para crecer, pero hay mucho más para hacer que un negocios exitoso”, indica.

A juicio de Undurraga, el espíritu emprendedor, como la capacidad deportiva de los jugadores de fútbol, es innato en los chilenos, pero CORFO debe crear las condiciones para que tengan éxito. “Muchos chilenos tienen las capacidades para tener éxito, solo necesitan del entorno correcto”, sostiene. “Estamos tratando de crear un ecosistema de emprendimiento”. 

Esto comienza con la educación. A este respecto, CORFO ha creado un programa que ha beneficiado a 40.000 estudiantes al hacer que se motiven con el emprendimiento desde una edad temprana.

Las mujeres chilenas son otro recurso ampliamente desaprovechado de potencial emprendedor. Cerca del 45% de las mujeres actualmente no forman parte de la fuerza laboral, pero CORFO está trabajando con 10.000 mujeres a lo largo del país para ayudarlas a iniciar sus propios negocios.

“Creemos que el emprendimiento es un vehículo importante para que las mujeres creen valor para sí mismas, sus familias y el país”, señala Undurraga.

Los programas de CORFO son nacionales, pero la proximidad con los clientes y las redes de apoyo hacen que sea más fácil desarrollar empresas de alta tecnología en Santiago. Start-Up Chile, que ha seleccionado a más de 300 empresas emergentes de todo el mundo a través de cinco rondas de postulaciones, también tienen un sesgo hacia empresas de Internet que fácilmente pueden trasladarse en un avión.

“Chile es un gran lugar para estar si se quiere apuntar a Sudamérica”, comenta Nathan Lustig.

En otro parte del país, la reconstrucción después del terremoto de febrero del 2010 ayudó a impulsar el emprendimiento en las áreas más afectadas, pero también está aumentando en áreas que no fueron afectadas por el sismo.

Según el estudio de GEM, las mayores tasas de emprendimiento se registran en las norteñas regiones de Antofagasta y Tarapacá -un 27% y un 29% respectivamente, versus el 24% de Santiago– principalmente debido al crecimiento de servicios relacionados con la industria minera.

La tasa también está creciendo en el sur de Chile, en especial en áreas relacionadas con la agroindustria y el turismo, pero las regiones de Valparaíso, Santiago y Bío Bío tienen las menores tasas generales, porque ofrecen más oportunidades de empleo.

“El costo de oportunidad del emprendimiento en estas áreas, en especial en Santiago, es mucho más alto”, destaca Amorós.

Barreras al Emprendimiento

Pese a los esfuerzos por reducir la burocracia, aún hay importantes obstáculos para los emprendedores, en especial en términos de acceso a los servicios bancarios.

Los programas de CORFO y la mejor protección de la propiedad intelectual han tenido un efecto positivo en el emprendimiento, pero se podría hacer más, dice López de ASECH.

Por ejemplo, en algunos casos es casi imposible que los emprendedores abran una cuenta bancaria. Muchos bancos exigen recibos de impuestos al valor agregado, lo que es un problema cuando uno recién acaba de crear su compañía. “Si uno no tiene una cuenta bancaria, no tiene un lugar para que los clientes depositen sus pagos y esto crea un círculo vicioso”, comenta López.

Luego hay un alto costo de financiamiento. Aun con las garantías de CORFO, los bancos son reticentes a prestar dinero a emprendedores que se encuentran en etapas muy iniciales, quienes son considerados muy riesgosos. Aun si logran conseguir un crédito, se les cobran tasas relativamente altas.

“Este es un importante obstáculo al emprendimiento y algo en lo que estamos trabajando”, señala Undurraga de CORFO. “Pero esto no puede provenir solo del Gobierno, es un esfuerzo público-privado”. 

También existe el estigma social asociado al fracaso. Si bien esto es considerado parte del proceso normal de negocios en otros países, en Chile puede significar dificultades en la obtención de créditos e incluso el fin de una carrera.

Parte del problema es la ley de quiebras de Chile. Que los emprendedores se liberen de una empresa arruinada puede demorar meses y, para cuando lo hacen, sus activos se han marchitado. En Estados Unidos, las entidades de financiamiento recuperan cerca del 80% del valor de la inversión, frente al 30% aproximadamente en Chile.

Pero el Gobierno está trabajando para modificar la ley y hacer más simple y rápido el cierre de un negocio. “Esto representa un cambio significativo frente al pasado donde las quiebras eran sinónimo de muerte de la empresa y el emprendedor”, indica Concha.

Finalmente, otro obstáculo es la alta concentración de algunos sectores de la economía de Chile. Esta es la dura realidad para los emprendedores de todo el mundo, pero aún más en el pequeño mercado de Chile.

Sin embargo, al reunir a los emprendedores ASECH está tratando de nivelar el campo de juego. “No estamos pidiendo nada gratis, pero quien hace su propia fortuna necesita una oportunidad para lograrlo”, dice López. 

Construir una Red de Apoyo

Para los emprendedores que están comenzando los desafíos pueden ser desalentadores, pero más allá de los programas de CORFO hay ayuda disponible a través de universidades y redes de otros emprendedores.

Más universidades están ofreciendo cursos de emprendimiento y algunas, como la Universidad del Desarrollo que tiene una alianza con Babson College de Massachusett, están facilitando de manera activa la creación de nuevos negocios.

No obstante, los cursos académicos solo lo pueden llevar hasta cierto punto. Lo que los emprendedores de verdad necesitan, a juicio de Julie McPherson, directora ejecutiva de Endeavor Chile y cofundadora del proveedor de tecnología de datos inalámbricos Tiaxa, es una red de apoyo para otros emprendedores.

Endeavor es una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York que actúa como un acelerador para los emprendedores de “alto impacto” en todo el mundo. Su división chilena actualmente tiene 35 empresas activas en su cartera, las que fueron seleccionadas por un panel internacional basado en la innovación y la escalabilidad.

“Es la única organización en Chile que entrega asesoría y tutoría sin esperar nada a cambio”, señala. No obstante, se espera que los emprendedores de Endeavor hagan una “retribución” compartiendo sus experiencias, lo que es una parte importante del proceso emprendedor. 

“A fin de cuentas, el ecosistema emprendedor funciona cuando se tienen mentores, modelos de rol y acceso al financiamiento”, explica McPherson.

El enfoque parece estar funcionando. Hace seis años, Endeavor Chile seleccionaba 2 empresas emergentes de 15 que postulaban, pero el año pasado analizó a 350 de las cuales 8 fueron seleccionadas y este año incorporó a 11.

El crecimiento refleja el hecho de que más universitarios graduados quieren ser emprendedores. Históricamente, los mejores y más brillantes graduados de Chile querían convertirse en ejecutivos de empresas multinacionales. Eso se debía en parte a expectativas familiares, pero también a que el costo de oportunidad de ser un emprendedor era demasiado alto.

Hoy en día, sin embargo, McPherson ha notado un cambio de actitud. Hace 10 años, las ambiciones de la mayoría de los emprendedores chilenos se detenían en la cordillera de los Andes, destaca, pero hoy “nacieron globales”.

El próximo paso para Endeavor es crear una red global de inversionistas. “tenemos emprendedores, pero no tenemos necesariamente el capital de inversión para acompañarlos en sus nuevos negocios”, indica.

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Endeavor ha demostrado que no hay falta de emprendedores con buenas ideas en Chile, pero la falta de inversión significa que a muchos se les desalienta que lo intenten mientras que otros, que tienen éxito en un principio, terminan yéndose al extranjero.

“La industria de capital de riesgo no está muy desarrollada en Chile de modo que cuando los emprendedores necesitan dinero para crecer a menudo tienen que dejar el país”, afirma López.

Pero esto está cambiado. Varios fondos de capital de riesgo se han establecido en Chile incluidos dos formados por Aurus, una firma de gestión de activos formada por un grupo de empresarios chilenos en el 2008. A través de sus fondos de tecnología y ciencias de la vida, cada uno avaluado en cerca de US$32 millones, Aurus invierte en compañías con una proposición de valor global.

“Cuando comenzamos había menos de cinco personas tratando de hacer esto y éramos un nuevo tipo de inversionista”, comenta Alex Seelenberger, socio gerente de Aurus y gerente de inversiones de su fondo de ciencias de la vida Aurus Bios. 

Un tercio de la cartera de Aurus es financiada por personas de altos ingresos y dos tercios por CORFO, que ofrece cofinanciar hasta tres veces la inversión de capital privado con un límite inicial de US$9 millones. Esto significa que puede proveer hasta US$27 millones de financiamiento adicional para empresas emergentes.

Una salvedad es que las inversiones deben generar externalidades en Chile, lo que significa que los fondos deben usarse ya sea para invertir en una empresa chilena o en una firma extranjera con una filial local.

“Si no fuera por CORFO, sería muy difícil recaudar capital de riesgo en Chile, porque es difícil conseguir la masa crítica mínima para poder operar”, explica Seelenberger.

Encontrar empresas emergentes con el potencial de resolver las necesidades globales no es un problema, en especial en las ciencias biológicas. “Algunas personas dicen que no hay un flujo de acuerdos suficiente en Chile, pero creemos que sí lo hay”, afirma Seelenberger.

Aurus espera que sus dos fondos estén completamente comprometidos para fines del próximo año y está considerando recaudar más dinero. Más aún, ahora que las empresas emergentes de biotecnología enfrentan una crisis de financiamiento en Estados Unidos, Chile puede ser un lugar interesante para realizar pruebas clínicas iniciales a una fracción del costo, destaca Seelenberger.

“Chile tiene las capacidades estructurales que pueden ayudar a resolver las necesidades de empresas internacionales”, afirma.

Pese a la falta de un historial sobre el capital de riesgo de Chile, Seelenberger sostiene que las personas de altos ingresos invertirían más en emprendimiento si el riesgo fuera menor. Pero, para que eso ocurra, Chile necesita más historias de éxito.

“Vivimos en este callejón sin salida y nuestro objetivo cuando ingresamos al mercado era ‘romperla’”, dice. Hasta ahora Aurus no se ha sacado el gordo con ninguna de sus empresas emergentes, pero Seelenberger no está preocupado. “Esta es una carrera de largo aliento y aún estamos en etapas muy iniciales”.

Hay indicios de esperanza -algunas empresas emergentes ya han comenzado rondas posteriores de financiamiento tras uno o dos años- pero este es un “control interino”, admite.

La real prueba a la larga será si cualquiera de estas genera altos ingresos o son adquiridas por un gran monto. “Estamos confiados en que podríamos estar en camino con algunas de ellas”, sostiene.

Algunas empresas emergentes chilenas han encontrado compradores. Zappedy y Clandescuento.com fueron comprados por Groupon y otras, como Andes Biotechnologies, están ganando fuerza o ya han dado el salto al extranjero; un ejemplo de ellas es Crystal Lagoons, empresa que ha incursionado con éxito en la industria global de complejos turísticos de lujo.

Ninguno de estos ha generado el tipo de impacto que podría activar el ciclo de inversión, pero eso no significa que no ocurrirá pronto.

“Los jóvenes sabrán que si tienen una buena idea, habrá dinero para financiarlos”, comenta Seelenberger.

Por supuesto, la suerte juega un rol importante en el emprendimiento. Entonces para aumentar sus opciones, Aurus está cofinanciando tantas empresas emergentes en etapas iniciales como sea posible con la esperanza de que algunas tendrán éxito. Las firmas estadounidenses de capital de riesgo también están interesadas en empresas emergentes latinoamericanas con potencial de crecimiento, pero prefieren un socio local para avanzar.

Establecer confianzas es una parte clave de este proceso, razón por la cual Endeavor está invitando a inversionistas de capital de riesgo estadounidenses a reunirse con inversionistas y emprendedores chilenos.

“Necesitamos catalizar este ecosistema de modo que los inversionistas puedan identificar oportunidades”, dice McPherson. 

En definitiva, podría demorar cinco años para que el ecosistema de emprendimiento esté totalmente formado en Chile, pero el Gobierno, las universidades y los emprendedores comparten un objetivo común.

En cuanto a emprendedores como Nathan Lustig, Chile es un lugar emocionante en donde estar. “Creo que es increíble ver un país que toma el emprendimiento en serio y no solo habla de él”, sostiene.

Aún hay obstáculos, pero la marea de fervor emprendedor parece imparable. Por el bien del desarrollo económico y social del país, eso es bueno. Como dice Undurraga: “Chile solo se convertirá en una nación desarrollada si la gente puede desarrollarse”.