Abril, 2010
Capital de Riesgo:

Sobre Alas de Ángel

Por Tom Azzopardi
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Gracias al respaldo del Estado y a ávidos inversionistas privados, una nueva industria de capital de riesgo ha echado raíces en Chile, dando soporte a docenas de nuevas empresas emergentes. Sin embargo, para crecer la industria tendrá que volverse más internacional en su búsqueda de financiamiento, ideas y acuerdos.

¿Qué tienen en común jardines para pre-escolares, nueva tecnología para administrar supermercados y un plan para cultivar limones en el desierto de Atacama? No mucho a primera vista, pero todos son beneficiarios del emergente sector de capital de riesgo de Chile.

La industria apenas y existía a comienzos del siglo, pero gracias a un activo respaldo estatal y a una red de talentosos emprendedores, administradores e inversionistas, el capital de riesgo está mostrando un vigoroso crecimiento.

“El desarrollo del sector en los últimos cinco años ha sido explosivo”, afirma Gonzalo Miranda, gerente general de Austral Capital Partners, uno de los fondos de la nueva generación de fondos de capital de riesgo de Chile.

El capital de riesgo, en teoría, siempre ha existido: detrás de cada gran innovación ha habido inversionistas dispuestos a arriesgar su dinero para respaldarlas. Cristóbal Colón nunca habría descubierto América sin el respaldo financiero de la monarquía española.

No obstante, el capital de riesgo moderno se inventó en el Estados Unidos de la posguerra y generó su mayor rendimiento en la revolución de las tecnologías de la información en las décadas de los 80 y 90.

Apple, Oracle y Google son sólo algunas de las firmas que se han visto beneficiadas por el capital de riesgo.

A diferencia de tipos más convencionales de inversionistas, quienes invierten en capital de riesgo, ya sean inversionistas directos o administradores de fondos como Miranda, usualmente tienen una participación activa en sus empresas, ajustando el plan de negocios, identificando mercados prometedores y también analizando cómo salir de la inversión con una ganancia saludable.

“Estamos tratando de conectar mundos: aquel del talento con el mundo del capital y los mercados”, explica Miranda.

Sin alguien dispuesto a arriesgar su dinero en las etapas iniciales, las invenciones podrían demorar décadas en conseguir aceptación.

A cambio del mayor riesgo que implica respaldar a una empresa incipiente que promueve un modelo de negocios o una tecnología no probada, los inversionistas esperan grandes ganancias si tienen éxito. En Chile, eso significa retornos de a lo menos un 20% o un 30% anual.

Fondos de Innovación de CORFO

Como en la mayoría de los países, incluido Estados Unidos, Reino Unido e Israel, el sector de capital de riesgo de Chile se ha beneficiado de la intervención del Estado.

Tras detectar una brecha en el sector financiero del país, la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) de Chile comenzó a desarrollar una serie de fondos diseñados para alentar proyectos innovadores.

En virtud de este mecanismo, CORFO duplica o triplica la inversión original del fondo y, cuando llega el momento de liquidar el fondo, las ganancias se pagan de manera inversamente proporcional de manera que los inversionistas privados se van con la mayor parte de las ganancias.

Esto reduce significativamente el riesgo para los inversionistas e incrementa sus ganancias potenciales, señala Patricio Reyes, subgerente comercial y de desarrollo de la Gerencia de Intermediación Financiera de CORFO.

Hasta ahora se han lanzado 30 de esos fondos amparados por CORFO, los que suman un total de US$ 570 millones. Hasta fines del 2009, los fondos habían invertido en 86 empresas y aún tienen cerca de US$ 300 millones para invertir en nuevos proyectos.

Las inversiones fluctúan en tamaños que van de US$ 1 millón a US$ 5 millones. Y el rango de las empresas que se respaldan a través de este esquema es igualmente impresionante.

Austral Capital se especializa en nuevas tecnologías y biotecnologías, como la producción de biocombustibles a partir de microalgas o el uso de computadores para ayudar a los supermercados a hacer un seguimiento del comportamiento de los clientes.

Otros tienen metas más modestas, como aplicar técnicas modernas de gestión para administrar un kindergarten o plantar nuevas variedades de frutas o granos.

No obstante, muchas de las inversiones respaldadas por CORFO no son lo que se consideraría capital de riesgo en Estados Unidos o Europa, donde las empresas emergentes tienen que ofrecer una innovación significativa para obtener capital.

De los 30 fondos que han recibido financiamiento de CORFO, sólo dos o tres son genuinos fondos de capital de riesgo, señala Alan Farcas, director ejecutivo de Endeavor Chile, una organización sin fines de lucro que promueve el emprendimiento.

Austral es una; Fundación Copec-UC, una alianza entre la Pontificia Universidad Católica de Chile y uno de los mayores conglomerados industriales del país, es otra.

Muchos han actuado más como fondos de capital privado, asumiendo participaciones en empresas que no cotizan en bolsa para financiar una expansión importante o la mejora de la situación de una empresa. Como resultado, de los US$ 570 millones administrados por los fondos, menos de US$ 100 millones se destinarán a empresas emergentes.

“Los fondos se están desaprovechando: legalmente no están haciendo nada malo, pero no está dentro del espíritu de la ley”, afirma Farcas.

En CORFO, Reyes reconoce que no todo el dinero se ha destinado a empresas nuevas, pero sostiene que se han hecho cambios al modelo original para garantizar que los fondos ahora estén más concentrados en el futuro.

Por ejemplo, la línea de crédito F3 -lanzada en 2005- añade incentivos para asegurar que una mayor parte del dinero se destine a industrias o empresas innovadoras y el nuevo programa F4 se dirigirá en un 100% a proyectos innovadores.

Y, pese a su inicial falta de enfoque, es posible que CORFO continúe desempeñando un papel importante en el capital de riesgo por a lo menos cuatro o cinco años, señala Reyes, después de lo cual el sector debiera ser lo suficientemente sólido para crecer por su cuenta.

Se Buscan Emprendedores

El respaldo de CORFO ya ha ayudado a Chile a saltar a la vanguardia del capital de riesgo en América Latina. Por tres años consecutivos, Chile ha encabezado el ranking regional de la Latin American Venture Capital Association, entidad con sede en Nueva York, y muchos gobiernos están tratando de replicar el modelo de CORFO.

Pero no se trata sólo de un sólido respaldo del Estado.

La estabilidad financiera de Chile, sus claras normas de rendición de cuentas y la estabilidad social del país, todas cualidades ampliamente apreciadas por las empresas multinacionales que invierten en el país, también convierten a la nación sudamericana en un buen lugar para comenzar un nuevo negocio.

Y hay muchas personas ricas dispuestas a arriesgar su dinero en nuevos negocios. No obstante, a algunos les preocupa la falta de oportunidades atractivas.

“No hay tantos proyectos buenos como quisiéramos tener, lo que es un problema estructural”, comenta Farcas.

La mala calidad de la educación reduce de manera significativa la cantidad de emprendedores potenciales. Farcas estima que no más del 10% de la población tiene las capacidades y contactos necesarios para desarrollar un negocio. Si bien los emprendedores de alto impacto de Chile en total no suman más de un ciento, Israel -un país mucho más pequeño- puede contar con casi 2.000.

Y cuando sueñan con un negocio, los emprendedores chilenos raramente consideran su potencial más allá de los estrechos límites de las montañas de los Andes y el océano Pacífico.

“Como país, tendemos a pensar en pequeño”, sostiene Farcas.

Sin embrago, eso está comenzando a cambiar. Las incubadoras de negocios de Chile son una importante fuente de empresas innovadoras maduras para inversión, afirma Reyes.

Gracias a CORFO, existen 19 de este tipo de organizaciones, las que con frecuencia tienen sede en importantes universidades y han respaldado 500 proyectos en los últimos cuatro años. La rama de promoción de la innovación de CORFO, InnovaChile, también ha entregado capital semilla para 650 empresas emergentes en etapas iniciales durante el mismo período.

Pero hay un largo camino por recorrer entre proyectos en esta etapa de desarrollo, con inversiones que normalmente fluctúan en un rango de US$ 10.000 a US$ 50.000, y el punto en que están listos para ser aceptados por un fondo de capital de riesgo, los que rara vez invierten menos de US$ 1 millón en una empresa.

Juntando a Emprendedores con Inversionistas

Para zanjar esta brecha, se han formado una serie de redes ángeles, las que apuntan a reunir proyectos prometedores con inversionistas interesados.

Tales redes desempeñan un rol crucial al buscar y seleccionar potenciales oportunidades de inversión, al tiempo que crean confianza entre los inversionistas dado que sólo se pueden unir mediante la recomendación de otro miembro existente.

Estos ángeles en la tierra a menudo son personas de mucho dinero, tradicionalmente ejecutivos o emprendedores que se acercan al final de sus carreras formales. Tan importante como su dinero, sin embargo, es la experiencia en los negocios y los contactos que pueden compartir con sus protegidos.

“Ellos permiten que los negocios crezcan de manera mucho más rápida de lo que de otra forma se podría”, señala María de los Ángeles Romo, gerente de inversiones de Southern Angels, la mayor y más antigua red de inversionistas ángeles de Chile.

Vinculada a la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, los 65 miembros de la red han invertido en total US$ 5,7 millones en 18 empresas desde su creación hace cuatro años, con contribuciones individuales que fluctúan entre los US$ 50.000 y los US$ 500.000.

A su paso, se han creado cinco redes más a menudo bajo el auspicio de organizaciones más grandes, incluidas otras universidades.

Si bien las redes reciben financiamiento de CORFO, no hay respaldo estatal para la inversión ángel en sí misma como existe en otros países.

En Escocia, un fondo de desarrollo automáticamente iguala las inversiones en empresas emergentes además de los créditos fiscales que ofrece el Gobierno británico.

“Con este tipo de incentivo, un inversionista no se demora tanto en decidir hacer la inversión”, afirma Romo.

Una versión privada del esquema escocés es administrada por Santander, el mayor banco de Chile, la que genera un significativo interés entre emprendedores e inversionistas.

Otra barrera que impide que haya más inversión ángel es la falta de experiencia en negocios que tienen los emprendedores, de manera que las redes pasan mucho de su tiempo haciéndoles coaching sobre cómo lanzar su idea y negociar con los inversionistas interesados.

“Cuando llegan a nosotros, a menudo no pueden responder incluso las preguntas más básicas que un inversionista haría, tales como el flujo previsto de efectivo o un plan de negocios adecuado”, afirma Nils Galdo, gerente general del grupo de inversión GlobalChile Angels.

Encontrar proyectos en la etapa correcta de desarrollo es otra dificultad. Los proyectos prometedores con frecuencia pasan tres años en incubadoras de negocios, lapso de tiempo en el que ya están muy viejos, o son demasiados conocidos, como para ser de interés.

En cambio, las incubadoras debieran ser más selectivas y decidir de manera más rápida qué ideas fracasarán y cuáles lo conseguirán, y encontrando luego inversionistas para ayudarles a crecer, sugiere Galdo.

Pensando Globalmente

Dada la juventud y falta de experiencia de la industria de capital de riesgo de Chile, la educación y una perspectiva internacional son vitales para su éxito.

Un nuevo curso organizado por la Universidad Adolfo Ibáñez y CORFO sobre inversión de capital de riesgo debiera ayudar a aumentar el conocimiento y lo que a Chile le falta en capital, ideas o demanda, lo puede encontrar en otra parte.

Por supuesto, Estados Unidos es una importante fuente tanto de ideas como de inversionistas. Austral, que tiene una oficina en Santiago y otra en Silicon Valley, ha sido capaz de divisar empresas con potencial, “ya sean innovaciones chilenas para el mercado estadounidense o viceversa”, comenta Miranda.

Austral además trabaja de manera estrecha con inversionistas estadounidenses, quienes pueden entregar el conocimiento y los contactos para ayudar a un proyecto prometedor a seguir adelante.

Si los emprendedores no son muchos en Chile, el país podría importar emprendedores talentosos y ayudarlos a crear nuevos negocios aquí.

Las leyes de inmigración debieran modificarse para facilitar que emprendedores como el empresario de Internet Wenceslao Caceres, quien proviene de Argentina pero opera algunas de sus empresas desde Santiago, establezcan sus negocios en Chile, sugiere Farcas.

No obstante, el pequeño tamaño del mercado de Chile reviste poco interés para los inversionistas que buscan maximizar sus retornos. Miranda pasa mucho de su tiempo entre Estados Unidos y Brasil donde Austral ha relocalizado algunos proyectos, apuntando a la mayor demanda potencial en estos mercados mucho más grandes.

Aún así, Austral ha realizado nueve inversiones en Chile en los dos años transcurridos desde su lanzamiento, lo que sugiere que las oportunidades sí existen.

Un enfoque internacional también ayudará cuando los fondos de capital de riesgo traten de materializar las ganancias obtenidas en su inversión original.

La pequeña y altamente concentrada economía de Chile podría dificultar el vender una empresa a un precio competitivo y el mercado bursátil, dominado por grandes empresas e inversionistas institucionales, no es un lugar que dé la bienvenida a empresas emergentes de alto riesgo.

Si bien el Gobierno y las instituciones financieras hablan esperanzadoramente de la creación de un mercado emergente en Santiago, tras varios intentos fallidos Miranda no espera que ello ocurra.

En cambio, los inversionistas debieran mirar al extranjero en busca de estrategias de salida.

Austral ya ha registrado acciones de una de sus inversiones en el mercado bursátil NASDAQ, mientras que quienes respaldan a la cadena de jardines infantiles Vitamina suscribieron un acuerdo para vender la empresa a uno de los mayores proveedores de educación preescolar de Estados Unidos una vez que hagan crecer el negocio a un tamaño aceptable.

“Si no podemos hacerlo en Chile, lo haremos en otro lado”, explica Miranda.

Ángeles en Nuestros Hombros

La nueva confianza en el sector de capital de riesgo de Chile está atrayendo interés del extranjero, pero esto aún tiene que traducirse en inversión.

Farcas de Endeavor se reúne de manera regular con inversionistas estadounidenses de capital de riesgo en busca de oportunidades, si bien ninguno ha hecho un compromiso firme. “Hay muchos circulando, pero ninguno ha aterrizado”, afirma.

Pronto esto podría cambiar. La firma con sede en San Francisco Burrill & Company está cerca de cerrar un acuerdo con Austral Capital y CORFO para crear un nuevo fondo empresarial en Chile, señala el gerente general de la empresa, Steven Burrill.

Con inversiones por un total cercano a los US$ 1.000 millones en más de 90 empresas de biotecnología en todo el mundo, Burrill traería una nueva escala y sabor internacional a la naciente escena de capital de riesgo de Chile.

Además de invertir en innovaciones chilenas, la firma está interesada en traer tecnología que ha sido detectada por su red global de oficinas y que podría encontrar nuevas aplicaciones desde vacunas para los cultivos de salmón hasta formas más eficientes para producir celulosa o extraer cobre.

“Queremos traer tecnología que podría ser transformadora para la economía local (…) y ayudar a las empresas chilenas a ser más competitivas a nivel global”, comenta Burrill.

No obstante, atraer más fondos como el de Burrill será difícil a menos que se les ofrezcan más incentivos, sostiene Miranda.

En Canadá, Brasil y algunos estados de Estados Unidos, los fondos extranjeros están exentos del pago de impuestos, pero en Chile deben pagar un impuesto a las ganancias de capital de al menos el 5%.

“Para ser competitivos, necesitamos reformar el sistema tributario: hoy en día somos demasiado caros”, afirma Miranda.

Con un incentivo de este tipo en curso, podría haber un par de docenas de fondos esperando lanzarse en lugar de apenas un puñado de ellos. Y mientras más ángeles vengan a la tierra, más innovadora y sólida será la economía de Chile.

Tom Azzopardi trabaja como periodista freelance en Santiago