El Dilema del Litio de Chile
Por Ruth BradleyCuriosamente para un país que ha aprovechado de manera tan exitosa la liberalización de mercado para su desarrollo económico, la producción de litio en Chile se ve coartada por una antigua legislación que amenaza su posición de liderazgo en una industria internacional de rápido crecimiento.
Los usuarios de litio en el mundo se están poniendo nerviosos. Su problema no es la escasez de reservas -al actual nivel de demanda, hay suficiente para mantener al mercado funcionando por más de 500 años-, sino la seguridad del suministro.
El litio, un metal blanco plateado tan blando que se puede cortar con un cuchillo, ha sido usado por mucho tiempo en la fabricación de lubricantes y vidrio resistente al calor así como también en la industria farmacéutica, primero para tratar la gota y después como un estabilizador del ánimo. Sin embargo, durante los últimos 20 años, también ha surgido como un componente clave de las baterías recargables usadas en los teléfonos móviles, los computadores portátiles y las cámaras digitales.
Estos dispositivos ahora representan más de un cuarto del consumo internacional de litio, señala Patricio de Solminihac, subgerente general Sociedad Química y Minera de Chile (SQM), el mayor productor de Chile. Y eso sin considerar el desarrollo de autos eléctricos, que también emplean litio en sus baterías.
El problema para las industrias que utilizan litio es que hay sólo un puñado de proveedores. Chile, que corresponde a más del 40% de la actual capacidad de producción a nivel mundial, cuenta con apenas dos productores -SQM y la Sociedad Chilena del Litio (SCL), filial de la firma con sede en Nueva Jersey Rockwood Holdings- y alrededor del planeta hay apenas cerca de otra docena, principalmente en Australia, China y Argentina .
Eso explica por qué, en el 2009, como parte de un programa de US$ 2.400 millones para promover el desarrollo de tecnología de baterías para vehículos eléctricos e híbridos, Rockwood recibió un subsidio de US$ 28,4 millones del gobierno de Estados Unidos para la expansión de su actual planta de carbonato de litio en Nevada y para la construcción de una nueva planta de hidróxido de litio en Carolina del Norte. También explica por qué los usuarios del litio están interesados en pasar al área de producción y exploración e invertir directamente en su producción.
Chile es el candidato obvio. Además de contar con un entorno de negocios seguro y atractivo, tiene alguno de los menores costos de producción de litio en el mundo, destaca Álvaro Merino, gerente de estudios de la Sociedad Nacional de Minería (SONAMI) de Chile.
El litio, que no existe en la naturaleza como un metal sino solo en diferentes compuestos, se puede obtener a partir de salares -o, en otras palabras, superficies de sal como las que se encuentran en el desierto de Atacama, en la zona norte de Chile- o, de manera más costosa, a partir de ciertos tipos de minerales como en Australia. No obstante, aún entre los países que producen en salares, Chile tiene una ventaja competitiva.
Esto porque las condiciones meteorológicas del desierto de Atacama -usualmente soleadas y con mucho viento- hacen que el proceso de evaporación sea más eficiente, explica Monika Engel-Bader, presidenta de Chemetall, la firma con sede en Munich a través de la cual Rockwood posee SCL. “En Nevada, por ejemplo, donde también usamos un sistema de estanques, las condiciones ambientales no son tan buenas y los costos de producción son un poco más altos”, afirma.
Se dice que los usuarios de litio en Asia, el principal mercado de Chile, han explorado en busca de oportunidades de inversión en el país. Hasta ahora, sin embargo, se han ido con las manos vacías.
Reservado para el Estado
Esto se debe a lo que ahora parece una anomalía histórica. A comienzo de la década de los 80, cuando Chile reformó su legislación minera, abriendo el camino a enormes nuevas inversiones principalmente en cobre, hizo una distinción entre minerales “concesionables” y “no concesionables”.
La mayoría de los minerales, incluido el cobre, se colocaron en la primera categoría, pero el litio y los hidrocarburos fueron definidos como no concesionables. En el caso del litio, eso se debió a que fue considerado material “estratégico” debido a su aplicación en ojivas nucleares y potencial uso en centrales nucleares de fusión.
Sin embargo, la fusión nuclear siguió siendo una posibilidad distante y, al término de la Guerra Fría, Estados Unidos vendió sus existencias estratégicas de litio, pero Chile no cambió su legislación. “Es el único país en el mundo que aún trata al litio como un material estratégico”, destaca Patricio de Solminihac de SQM.
Como resultado, el litio sólo puede ser producido en Chile por el Estado o por empresas estatales (Codelco, la cuprífera estatal, tiene concesiones de litio que no explota). Más aún, destaca Jerónimo Carcelén, abogado experto en minería, si se obtiene una cantidad significativa de litio como subproducto de otras actividades mineras, el Estado debe ser informado y puede reclamar su derecho a comercializarlo (aunque, en la práctica, esto no ocurre).
La excepción a este régimen fueron las concesiones de litio que precedieron la reforma de los 80, en manos de la estatal Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) de Chile en el salar de Atacama y de Codelco en el salar Pedernales, más al sur del desierto de Atacama. Son las concesiones de CORFO las que SQM y SCL han estado explotando desde entonces.
SCL, que produjo por primera vez litio en 1984, nació como una empresa conjunta entre CORFO y Foote Mineral Company, el entonces mayor productor mundial de litio y que fue adquirido posteriormente por Chemetall. CORFO había realizado la exploración, recuerda Engel-Bader, pero necesitaba un socio para desarrollar los recursos y, tras algunos años, vendió su participación en la empresa a Foote.
SQM se remota a la década de los 20 como productor de nitratos, pero solo ingresó al mercado del litio a comienzos de los 90 cuando adquirió el 75% de MINSAL Ltda., empresa conjunta formada en 1986 por CORFO, la empresa minera Amax y la compañía de capitales locales Molymet. En 1995, también pasó a comprar la parte de CORFO.
Eso parece como un duopolio cómodo y, de hecho, hay ciertas críticas a las condiciones en que se permite que SQM y SCL utilicen las concesiones de CORFO. SQM, con ventas de litio por US$ 150 millones en el 2010, paga un canon de arriendo anual de US$ 15.000, más el 6,8% de sus ventas de litio, o un total que bordea los US$20 millones al año.
SCL, por otro lado, no paga ni un arriendo fijo ni un porcentaje de sus ventas de litio, sino que el 10% de las ventas de magnesio y el 3% de las ventas de cloruro de potasio que, según COCHILCO, sumaron US$ 1,4 millones en el 2008. La diferencia, a juicio de Engel-Bader, es que SCL pagó por adelantado su uso de las concesiones de CORFO.
En la estatal Comisión Chilena del Cobre (COCHILCO) de Chile, su vicepresidente ejecutivo Andrés Mac-Lean niega que los contratos fueran un error. “Se firmaron sobre la base de las condiciones de mercado de ese entonces y es fácil ser general después de la guerra”.
Una Camisa de Fuerza Legal
Sin embargo, las empresas tampoco están demasiado contentas con sus contratos. A juicio de COCHILCO, la demanda mundial de litio se duplicó en 10 años al 2008 mientras que su precio casi se triplicó y, tras registrar un mal año en el 2009, se espera de nuevo un sólido crecimiento, donde la demanda posiblemente se duplique nuevamente para el 2020.
La producción de Chile de compuestos de litio se incrementó al pasar de 36.000 toneladas en el 2000 a un máximo de 60.000 toneladas en el 2007 (aunque cayeron a 57.000 toneladas en el 2008 y a un mínimo de 31.000 toneladas en el 2009). En el mediano plazo, no obstante, tanto SCL como SQM enfrentan límites a la producción.
El contrato de SQM caducará en el 2030 y, en cualquier caso, sólo le permite producir el equivalente a 180.000 toneladas de metal de litio. Eso significa unas 960.000 toneladas de carbonato de litio, explica de Solminihac, de los cuales hasta ahora ya ha producido 350.000 toneladas y COCHILCO estima que llegará a su límite para el 2023. En el 2009, la firma habría solicitado un aumento del 20% al límite, pero su petición no fue aceptada.
SCL está en una mejor posición. Su contrato establece un límite de 200.000 toneladas de metal de litio, pero sin fecha de expiración y, según COCHILCO, debería poder continuar produciendo hasta el 2040. Pero eso no basta, afirma Engel-Bader.
“Este es un momento muy importante para las operaciones de litio y los usuarios como los fabricantes de autos quieren tener la seguridad de que podrán seguir proveyéndolos en 20, 30 e incluso en 50 años más”, afirma.
El riesgo es que, si no, miren a otro lado. Y ese es el riesgo para Chile también.
El mercado mundial de litio se avalúo en cerca de US$ 600 millones en el 2010, estima Mac-Lean y -en otras palabras- es pequeño en comparación con el cobre, la principal exportación de Chile. Y tampoco, según parece ahora, es posible que adquiera la importancia de ese otro “oro blanco” -los nitratos- que dominaron la historia social y económica de Chile a comienzos del siglo XX.
De todos modos, otros países están ansiosos por captar una parte del mercado. Y eso incluye a dos de los vecinos inmediatos de Chile: Argentina y Bolivia.
De hecho, se cree que el salar de Uyuni en Bolivia, justo al otro lado de la frontera del desierto de Atacama, es la mayor reserva individual de litio a nivel mundial. El gobierno del presidente Evo Morales ha invertido ahí un monto estimado de US$ 6 millones en una planta piloto de litio y se ha informado que una serie de empresas -incluidas las japonesas Mitsubishi y Sumitomo, las surcoreanas Samsung y el grupo industrial francés Bolloré- han hecho acercamientos con miras a posibles inversiones.
Junto con Chile y Bolivia, la zona norte de Argentina también forma parte del área denominada por la revista Forbes como la “Arabia Saudita del litio”. En la actualidad, Argentina corresponde a un 11% estimado de la capacidad mundial de producción, con apenas una operación en el salar Hombre Muerto, propiedad de la firma estadounidense FMC Corporation, pero una serie de empresas mineras junior -algunas de ellas en sociedad con filiales de grandes fabricantes de autos que habían mantenido previamente conversaciones con Chile- se han involucrado en operaciones de exploración.
Álvaro Merino de SONAMI destaca que en la actualidad hay 14 nuevos proyectos de litio que se están desarrollando en todo el mundo, los que duplicarían con creces la capacidad de producción mundial, pero ninguno de ellos está en Chile. “Se nos está pasando la micro”, se lamenta. “Pese a las ventajas competitivas de Chile, la nueva capacidad se emplazará en otros países a menos que haya un cambio en la legislación”.
Una Solución Rápida
Esa visión es compartida por Monika Engel-Bader de Chemetall. “Chile es la mejor fuente de litio en el mundo, pero (…) necesitamos poder contar con una perspectiva de largo plazo”, sostiene.
Si, para el 2020, el 10% de los autos nuevos son eléctricos, Chemetall necesitará haber duplicado su producción de carbonato de litio, afirma. Dado que los nuevos proyectos tienen un período de puesta en marcha de alrededor de tres años y la producción sólo se podría incrementar de manera gradual, el tiempo apremia, insiste.
Bajo el anterior gobierno de Chile encabezado por la presidenta Michelle Bachelet, se estableció una mesa redonda de Litio -conformada por distintas agencias gubernamentales- para analizar el tema, pero no llegó a más que eso. Sin embargo, el gobierno de Sebastián Piñera, quien asumió como presidente de Chile en marzo del 2010, espera entregar una respuesta más temprana.
El remedio obvio sería modificar la legislación y hacer que el litio sea un mineral concesionable y esa es la solución que prefieren muchos en la coalición de gobierno. No obstante, eso sería una enorme tarea, que exigiría una reforma a la Constitución de Chile, opción que requeriría que el Gobierno consiga el respaldo de la oposición y que, incluso en caso de que esta entregara los votos necesarios, podría demorar años, señala Jerónimo Carcelén.
Según Mac-Lean de COCHILCO, es probable que el gobierno se decida por licitar contratos de operación para el desarrollo de yacimientos de litio individuales. Similar a los denominados Contratos Especiales de Operación Petrolera (CEOP) ofrecidos por el gobierno anterior para el desarrollo de reservas de hidrocarburos en la Región de Magallanes, en el extremo sur del país, tienen la ventaja de no requerir un cambio en la ley, destaca Carcelén.
La decisión podría anunciarse a fines de abril, sugiere Mac-Lean, si bien lanzar las licitaciones de los contratos demoraría más. La regulación necesaria podría elaborarse de manera bastante rápida, afirma, pero cada contrato requeriría de una preparación cuidadosa y muy demandante en términos de tiempo.
Un problema es que, si bien el salar de Atacama se ha sondeado en profundidad, hay mucha menos información sobre las reservas de los tres salares -Pedernales, Punta Negra y Maricunga- donde se ofrecerían los denominados Contratos Especiales de Operación de Litio (CEOL). La mayor parte de los estudios que existen son bastante antiguos, señala Mac-Lean.
Sin embargo, hay otra dificultad, destaca Carcelén. La mayoría de las áreas en donde se cree que hay litio ya están sujetas a concesiones mineras para la extracción de otros minerales, ya sea porque genuinamente se están explotando estos minerales o porque las concesiones se adquirieron de manera más especulativa bajo el nombre de otros minerales, pero con miras a su futuro potencial de litio.
El resultado es que el gobierno podría terminar queriendo ofrecer un CEOL en un área en la que ya hay otra empresa produciendo nitratos, por ejemplo. Esa es la desventaja de los CEOL, admite Mac-Lean, pero no es irremontable.
El truco será encontrar una manera de compensar al tenedor de la concesión existente y hay una serie de opciones. Una sería que las firmas que presenten ofertas por los CEOL propongan una compensación financiera; otra sería que el tenedor de la concesión se convierta en socio del contrato.
Ni SQM ni SCL han manifestado públicamente una opinión sobre los CEOL, pero están en conversaciones con el gobierno sobre su posible introducción. “Estamos a favor de un amplio consenso que posibilite un cambio en la regulación (…) y que permita a Chile mantener y fortalecer su liderazgo”, afirma de Solminihac.
El problema, por supuesto, será cómo se dispone el puzzle de concesiones y CEOL y se aseguran acuerdos de compensación justos para los tenedores de las concesiones. Sin embargo, si se logra que funcionen, los CEOL serían una manera rápida y práctica de aflojar la camisa de fuerza legal que somete al litio.
Ruth Bradley trabaja como periodista freelance en Santiago y es ex editora de bUSiness CHILE.




Comentarios
El Litio es de todos.
La legislación actual no es "ninguna "camisa de fuerza" para la explotación y elaboración de este valioso mineral.
Aquí hay recursos para TODOS LOS CHILENOS garantizados constitucionalmente, no se puede mediante "trucos" entregar los recursos a los que ocupando sus relaciones e información privilegiada quieren para ellos las riquezas del país.
Esto es un tema país, nos incumbe a todos, no solo a los mismos de siempre.
El Estado de Chile debe de mantener el control estrategico del LITIO y asociarse con los mejores oferentes de sociedades para su explotación y desarrollo de valor agregado, Contamos con los recursos humanos y financieros para convertirnos en la "Arabia Saudita del Litio", lo demás son cortinas de humo que vienen de Chicago...........
Litio
"La sociedad chilena, cada uno de los ciudadanos del país, los actores sociales y políticos deberíamos exigir el diseño y la implementación de una política pública de investigación, explotación y comercialización de litio por parte del Estado de Chile en su calidad de “potencia mundial del litio” que comience con un claro y explícito NO a cualquier intento privatizador"
http://blogs.cooperativa.cl/opinion/economia/20120117080455/%C2%A1el-litio-no/