Seguridad Minera: ¿Qué Hay Más Abajo?
Por Gideon LongUn accidente que dejó atrapados a 33 mineros en la mina San José en el desierto de Atacama ha generado serios cuestionamientos sobre los estándares de seguridad de la industria minera de Chile. bUSiness CHILE averigua cuán peligrosas son realmente las minas del país y qué se está haciendo para hacer que sean más seguras.
Subiendo por un camino de ripio que conduce a la mina de cobre y oro San José, camina un grupo de cerca de 40 mineros. Usan overoles azul oscuro y cascos, parecen listos para iniciar sus turnos. Sin embargo, estos hombres no tienen trabajo que hacer. Desde el 5 de agosto, cuando colapsó un túnel en la mina atrapando a 33 de sus colegas bajo tierra, han estado sin trabajar.
Y la jefa del grupo es Evelyn Olmos, la presidenta del sindicato de mineros locales. Ella explica por qué están ahí.
“Estamos viviendo en la incertidumbre”, señala. “Aún estamos contratados por la compañía que posee esta mina y, mientras eso sea así, no podemos encontrar trabajo en otro lado. Necesitamos que el G obierno intervenga”.
Olmos, cuyo sindicato representa a más de la mitad de los 140 mineros empleados en la mina, afirma que el accidente no fue un incidente aislado. Algo similar podría suceder en otras minas chilenas en cualquier momento, advierte.
“Hemos estado hablando con los sindicatos en otras partes de la región y dicen que los estándares de seguridad en sus minas son tan malos como acá”, sostiene. “Este accidente era previsible”.
El accidente y el enorme interés de los medios de comunicación que ha generado, han mostrado una fuerte falla en los estándares de seguridad de las minas de Chile. Recordó a los chilenos que la minería en este país no tiene que ver sólo con Codelco, BHP Billiton, Anglo American, Barrick y Xstrata, enormes empresas con registros de seguridad relativamente buenos. También se trata de empresas de pequeña y mediana envergadura, esparcidas por el desierto de Atacama, donde los mineros a menudo escarban para ganarse el sustento en precarias condiciones.
Negocios Riesgosos
La minería es, por supuesto, una profesión inherentemente riesgosa y, afortunadamente, ya pasaron hace muchos los días en que la industria lloraba las vidas de cientos de chilenos cada año.
Los estándares de seguridad han mejorado, tanto así que Miguel Ángel Durán, presidente del Consejo Minero de Chile que agrupa a 15 empresas multinacionales privadas y la estatal Codelco, hace la siguiente y memorable afirmación: “En su totalidad, la minería tiene las tasas de accidentes más bajas de cualquier industria en el país, incluyendo la de la construcción, banca, comercio minorista, agricultura y transporte”.
Las estadísticas respaldan su afirmación. Según la Superintendencia de Seguridad Social de Chile, hubo casi 234.000 accidentes laborales el año pasado y, de ellos, sólo 1.289 correspondieron al sector minero comparado con casi 39.000 registrados en el manufacturero y más de 26.000 en la construcción. Por cada 100 trabajadores en la industria minera, hubo 2,2 accidentes, comparado con los 5,7 de la construcción y los 7,2 de la agricultura y la pesca.
Pero esas cifras cuentan sólo la mitad de la historia. En primer lugar, como reconoce Durán, los accidentes mineros tienden a ser más graves que aquellos que se registran en otros sectores. Cuando el trabajador de una tienda o el cajero de un banco sufren un accidente, pueden sufrir un esguince de muñeca o torcerse un tobillo. Cuando un minero sufre un accidente, se arriesga a terminar muerto.
En segundo lugar, la afirmación enmascara enormes discrepancias al interior de la industria. Codelco y las empresas multinacionales representadas por el Consejo Minero ostentan todas registros de seguridad mejores al promedio. No obstante, “dentro de la industria claramente hay un fuerte contraste entre los estándares de seguridad de las grandes empresas y los de las firmas de pequeña y mediana envergadura”, reconoce Durán.
Aún así, la tendencia general a la baja de los accidentes mineros en Chile es alentadora. Según el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), el ente estatal encargado de la regulación de la industria minera del país, hubo un promedio de 0,41 muertes en las minas chilenas por cada un millón de horas trabajadas durante la década de los 80. En la década de los 90, esa cifra había caído a 0,28 y durante la última década a 0,13. Durante los últimos 10 años, la industria promedió 34 muertes por año, la tasa más baja de cualquier década pasada.
Las comparaciones uno a uno con otros países son difíciles, pero Durán sostiene que los estándares de seguridad de Chile son mejores que en otras partes de América Latina y están a la par con los de Australia, Canadá y Estados Unidos. Sin embargo, las cifras del gobierno de Estados Unidos sugieren que Chile aún tiene algo de espacio para avanzar antes de que ello sea así.
Según la Administración de Salud y Seguridad de Minas de Estados Unidos (MSHA, por su sigla en inglés), hubo 0,06 muertes por millón de horas trabajadas en las minas de Estados Unidos el año pasado, menos de la mitad de las que hubo en Chile. La cantidad de mineros muertos en Estados Unidos y en Chile el año pasado fue casi idéntica: 34 y 35, respectivamente. Pero cuando se considera que en la industria estadounidense trabaja casi el doble de las personas que en Chile, queda claro que los estándares de seguridad chilenos están rezagados. Entre el 2000 y el 2009, la cifra de heridos en las minas estadounidenses cayó al 41%. En Chile, declinó, pero no tan marcadamente.
Andrew King, coordinador nacional de salud y seguridad del enorme sindicato norteamericano United Steelworkers, sostiene que el equipamiento, el conocimiento y las capacidades en las minas chilenas son similares a aquellos de Canadá y Estados Unidos, y así también son los estándares de seguridad a los que se supone que las empresas deben adherir.
“La diferencia yace en cuán serios son los países respecto a hacer que los empleadores cumplan con esos estándares”, señala King, cuyo sindicato tiene más de un millón de miembros asociados y activos en Canadá y EEUU.
King recientemente visitó la mina San José además de varias otras minas chilenas y es muy crítico de sus estándares de seguridad.
“Desafortunadamente, hay una cultura de no regulación, no supervisión y no reconocimiento de los derechos de los trabajadores, lo que da chipe libre para que se critique a las empresas mineras por hacer lo que sea que quieran”.
Pero la seguridad no preocupa tanto en las grandes minas de Chile como en las pequeñas. Sernageomin divide a las empresas mineras de Chile en cuatro categorías: empresas categoría A que tienen cerca de 400 trabajadores o más; categoría B con entre 80 y 400 trabajadores; categoría C con entre 12 y 80 trabajadores; y categoría D, con menos de 12 trabajadores. En el 2009, las empresas del primer grupo emplearon de manera directa a unas 27.000 personas y sólo una de ellas resultó muerta en un accidente minero. En el otro extremo del rango, las empresas categoría D emplearon a poco más de 1.000 personas y 13 de ellas fallecieron. El contraste difícilmente podría ser más marcado.
Un factor significativo en la tasa de accidentes de Chile es el precio del cobre. Cuando el precio es alto, los mineros -algunos de ellos con sólo una experiencia limitada- se encaminan al desierto y a los faldeos de la cordillera de los Andes en búsqueda de mineral. Las minas que estuvieron cerradas por largo tiempo porque ya no podían obtener una ganancia repentinamente se dan cuenta que sí pueden hacerlo. Reabren la mina, a menudo sin ningún estándar de seguridad mejor al que había el día en que fue cerrada. No es una coincidencia que en el 2007 y el 2008, en la cúspide del auge de los precios del cobre, hubiera más fallecidos en las minas chilenas que en cualquier otro año durante esa década.
En el 2007, cuando el precio del cobre promedió un récord de US$ 3,24 la libra, 40 mineros murieron en accidentes. En el 2008, cuando el cobre estaba en US$ 2,88 la libra, la lista de fallecidos sumó 43. En contraste, el año más seguro en la historia de la minería de Chile fue 1999, cuando sólo hubo 0,09 muertes por cada millón de horas trabajadas. Sería bueno pensar que esto se debió a mejoras en los procedimientos de seguridad, pero la principal razón es que en ese año, el precio promedio del cobre cayó a apenas 72 centavos de dólar, su nivel más bajo en más de 10 años, como consecuencia de la crisis asiática. Para los actores más pequeños de la industria, cuyos estándares de seguridad tienden a ser los más deficientes, simplemente no había ningún incentivo para explotar el cobre.
Haciendo que la Minería Sea Más Segura
Entonces, ¿qué se está haciendo para mejorar la seguridad de las minas de Chile?
De cara al accidente en la mina San José, el Gobierno anunció lo que describió como “una completa modernización” de Sernageomin. Esto incluye más del doble de la cantidad de inspectores de mina, los que pasarán de 18 a 45 para fines del próximo año, e incrementar su presupuesto de US$ 24,7 millones a US$ 57,6 millones. El gobierno señaló que esto debería asegurar que, en promedio, las minas de Chile sean inspeccionadas cada ocho meses, una mejora respecto de la situación actual.
“Este accidente ocurrió quizás porque las medidas no se tomaron de manera apropiada”, dijo a bUSiness CHILE el ministro de Minería Laurence Golborne en una entrevista en la mina San José. “Estamos revisando todas las regulaciones de la industria minera incluyendo la inspección de las medidas de seguridad, en particular en las minas de pequeña y mediana envergadura”.
Además de reestructurar el Sernageomin, el Presidente Sebastián Piñera ha establecido una comisión para revisar los estándares de seguridad laboral de Chile, no sólo en la minería sino que en toda la economía. La comisión tiene 90 días para presentar propuestas con el fin de mejorar la seguridad y debe revelar sus conclusiones el 22 de noviembre.
“La comisión está analizando tres áreas básicas: inspección, estándares y prevención”, sostiene María Elena Gaete, secretaria ejecutiva de la comisión. “Está claro que la inspección es un área de particular preocupación”.
Gaete indicó que la comisión está conversando con los trabajadores y empleadores a lo largo del país para recabar sus opiniones respecto de cómo se puede mejorar al seguridad, pero también buscará respuestas en el extranjero. Ya ha mantenido conversaciones con funcionarios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y hablará con expertos de la Unión Europea y Estados Unidos.
“Chile aún se encuentra rezagado respecto de las naciones desarrolladas en términos de estándares de seguridad, pero no por mucho”, afirma Gaete. “En minería, la razón por la que la tasa de accidentes es tan baja es precisamente porque mucha gente en la industria es empleada por multinacionales extranjeras que tienen los más altos estándares de seguridad”.
No obstante, el representante sindical Andrew King cuestiona la validez de la comisión.
“Es un panel de expertos que excluye a los representantes de los trabajadores, de modo que es difícil ver cómo tendrá alguna credibilidad o logrará algún avance en términos de proteger las vidas de los trabajadores”, comenta King.
Durán del Consejo Minero sugiere que se requiere un cambio cultural y que las empresas mineras de Chile deberían darse cuenta que una mina segura es una mina exitosa. Las empresas no sólo tienen la responsabilidad moral de proteger a sus trabajadores, también tienen un incentivo comercial, señala.
“Mientras más se gaste en seguridad y capacitación, mejor se vuelve la fuerza laboral”, afirma Durán. “las tasas de accidente caen y el negocio también mejora”.
Los avances en tecnología también pueden ayudar. Un buen ejemplo es la introducción de camiones telecomandados en algunas minas chilenas. Estas máquinas monstruosas, desarrolladas por la empresa japonesa Komatsu, rugen a lo largo de caminos sin pavimentar trasladando toneladas de mineral. Pero no tienen conductores, son operados de manera remota por técnicos sentados a buen resguardo en sus oficinas. Al sacar trabajadores de la primera línea, este tipo de tecnología ayuda a salvar vidas.
Un área en donde se requieren mejoras es en la capacitación de trabajadores subcontratados, quienes se han convertido en una parte cada vez más grande de la fuerza laboral, en especial cuando la demanda de cobre es alta. En el 2007, por ejemplo, cuando el negocio estaba en auge, muchas compañías mineras contrataron trabajadores adicionales, algunos de los cuales sólo contaban con una experiencia limitada. No es de sorprender que usualmente fueran ellos los que tuvieran problemas. Durante ese año, de los 1.912 trabajadores involucrados en accidentes mineros en Chile, más de la mitad -1.040– fueron trabajadores subcontratados.
“Los estándares de seguridad para empleados de jornada completa en las minas chilenas son buenos, pero eso no siempre es el caso cuando se trata de los proveedores de servicios”, señala Durán.
Sin embargo, cada vez son más las mineras que exigen los mismos estándares de seguridad a los subcontratistas que demandan a sus propios trabajadores. “La brecha se está cerrando”, añade Durán.
El Canario de la Mina de Carbón
La minería en Chile sigue siendo un negocio riesgoso. En los primeros ocho meses de este año, 31 mineros murieron en accidentes causados por derrumbes, electrocución, explosiones, asfixia y caídas desde alturas.
Afortunadamente, todo salió como estaba planeado en la mina San José y la operación de rescate fue exitosa de modo que los nombres de los 33 mineros que estuvieron atrapados por más de dos meses bajo tierra no se sumarán a este lamentable número de fallecidos.
No obstante, de todos modos, el accidente tendrá importantes repercusiones para la industria minera chilena. Nunca antes los ojos del mundo habían estado puestos así en el sector.
“Las compañías están asustadas, están revisando frenéticamente sus estándares de seguridad y tratando de mejorarlos”, asevera la líder sindical Olmos. “Es una pena que se necesitara algo tan dramático como esto para que lo hicieran”.
Gideon Long se desempeña como periodista freelance en Santiago. Además trabaja para la BBC.
Nota del editor: Al momento en que esta edición se enviaba a imprenta, la operación de rescate en la mina San José concluía con éxito. Esta historia tuvo un final feliz para las familias involucradas, pero la seguridad de las minas chilenas sigue siendo una preocupación para la industria en general.