Diciembre, 2010

Cómo Convertir a las Bacterias en Mejores Mineros

Por Julian Dowling
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La industria de la gran minería de Chile presenta un  ambiente fértil para que los emprendedores puedan desarrollar servicios innovadores. Aguamarina, firma con sede en Antofagasta, está aprovechando la experiencia y conocimiento científico a nivel local con el fin de abordar un mercado de nicho de servicios personalizados de biominería tanto en Chile como en el extranjero

Las secas y áridas condiciones del desierto de Atacama en Chile podrían parecer inhóspitas para la vida, pero microorganismos conocidos como “extremófilos” viven ahí basados en una dieta de minerales y aire.

Bacterias, tales como la Acidithiobacillus ferrooxidans, catalizan el proceso de lixiviación en las minas de cobre al alimentarse del mineral, lo que produce el metal en forma líquida que luego es removido a través de la electrólisis. A las empresas mineras, esats bacterias come minerales pueden ahorrarles grandes cantidades de dinero al incrementar la eficiencia de la extracción de cobre.

La biolixiviación, como se conoce este proceso, es relativamente nueva en la industria minera mundial, pero Aguamarina -una pequeña empresa chilena de biolixiviación- está a la vanguardia de la investigación e innovación biominera a nivel mundial.

La historia de Aguamarina comenzó en el 2007 en la Universidad de Antofagasta donde trabajaba Pamela Chávez-Crooker, microbióloga con un posdoctorado de la Universidad de Hawaii y doctora de la Universidad de Kioto, cuando se dio cuenta de que había demanda por servicios de biolixiviación en la industria minera local.

Con su socio comercial y gerente general, Juan Manuel Aguirre, Chávez-Crooker creó Aguamarina y dedicó todo su tiempo a la empresa en el 2008. 

Hoy en día, la compañía emplea a 16 científicos en su laboratorio de Antofagasta, incluidas 14 mujeres. “Es una discriminación positiva, la industria minera está muy dominada por hombres, pero muchos de los biólogos son mujeres”, destaca.
La lista de clientes de Aguamarina incluye a algunas de las mayores mineras presentes en el país: BHP Billiton, Xstrata, Collahuasi y Barrick.

“Estamos aquí por estas empresas, no podían comprar el servicio que entregamos en el mercado así que nos pagan para que lo desarrollemos”, afirma Chávez-Crooker.

La biolixiviación se da naturalmente en las minas de cobre, pero Aguamarina usa bacterias genéticamente modificadas para acelerar el proceso e incrementar el rendimiento de cobre por tonelada de mineral en un 2% o un 3%.

Este cobre adicional representa millones de dólares en ingresos para las empresas mineras, sostiene Aguirre, quien recientemente abrió una oficina en la comuna de Las Condes en Santiago para estar más cerca de las oficinas de los titulares de las firmas mineras.

Y los beneficios no se detienen ahí: la biolixiviación es también mucho más barata, más eficiente y más amigable con el medio ambiente que la lixiviación tradicional que emplea químicos tóxicos. “No hay que pagarle a las bacterias, trabajan gratis”, explica Aguirre, añadiendo que el proceso además usa mucho menos agua, lo que es importante en el desierto.

El emplazamiento de Aguamarina en Antofagasta, la mayor ciudad del norte de Chile, representa algunos desafíos logísticos: los suministros deben trasladarse en camiones desde Santiago y el equipamiento del laboratorio se envía ahí para reparaciones, sostiene Aguirre.

“Chile es un país muy centralizado y es casi imposible desarrollar una empresa cien por ciento fuera de Santiago”, destaca.

Pero estar cerca de las principales minas de cobre del país hace que la incomodidad valga la pena, señala Chávez-Crooker, añadiendo que los microbiólogos se van a Antofagasta por la posibilidad de trabajar para una de las pocas empresas de biominería de Chile.

Y la firma está creciendo rápido: comenzó con ventas de US$100.000, pero obtuvo cerca de US$400.000 en el 2009 y debería ganar un monto similar este año con planes para lanzar un nuevo producto en el mercado en el 2011.

Este nuevo producto, un dispositivo que permite a las empresas hacer un seguimiento a distancia de las bacterias en sus sitios de lixiviación mediante el uso de sensores especiales, fue desarrollado gracias a un subsidio de US$550.000 de Innova Chile, la rama de promoción de la innovación de la estatal Corporación del Fomento de la Producción (CORFO).

“No existiríamos hoy en día sin la CORFO, es muy difícil hacer investigación aplicada en Chile sin el respaldo del Estado”, indica Aguirre.

La empresa planea postular a un nuevo subsidio para trabajar en tecnología de biolixiviación en alianza con el J. Craig Venter Institute de San Diego, California.

Astrobiólogos de la University of Southern California, que estudian las condiciones para la vida en Marte, han desarrollado la tecnología que podría aumentar la velocidad del proceso de biolixiviación en hasta 10 veces, destaca.

“Las condiciones en Marte son similares a las del desierto, de modo que podemos aplicar la misma tecnología aquí para hacer que las bacterias sean mejores agentes oxidantes”.

Los científicos de Aguamarina recolectan muestras de la mina, las que se envían al laboratorio para su análisis. Los microbios se modifican genéticamente para aumentar su capacidad de oxidación y se envían de vuelta a la mina para su uso en biolixiviación.

Dado que las bacterias son diferentes en cada emplazamiento, el proceso tiene que ser personalizado. Si bien la mayor parte del trabajo de laboratorio se realiza en Antofagasta, algunas bacterias se envían a Corea del Sur para secuenciación de ADN, dado que la nación asiática tiene tecnología de vanguardia para este fin, explica Chávez-Crooker.

Aguamarina además analiza muestras de empresas en Estados Unidos, Brasil y Perú, y envía los resultados por Internet. “Somos una empresa global que está exportando conocimiento”, sostiene Chávez-Crooker.

La biolixiviación también tiene aplicaciones fuera de la industria minera. Por ejemplo, puede aumentar la producción de uranio, lo que ha generado interés en países del Medio Oriente, destaca.

En Chile, la Fuerza Aérea está interesada en usar microorganismos para proteger sus aviones de combate de las fracturas de metal ocasionadas por la corrosión. “si podemos encontrar un mecanismo para controlar la biocorrosión, podría usarse en casi cualquier industria”, asevera.

La biorremediación es otra área en donde se pone a trabajar a las bacterias. Los químicos en los relaves de minas abandonadas pueden derramarse, contaminando los suministros locales de agua con arsénico, cianuro y otros venenos. El proceso de Aguamarina emplea bacterias para remover las toxinas de la roca y el metal, lo que produce dióxido de carbono y nitrógeno como inofensivos subproductos.

No obstante, la investigación y el desarrollo de la biotecnología cuestan dinero. CORFO ha financiado a Aguamarina en las primeras etapas, pero para crecer a nivel mundial la empresa necesita recurrir a los mercados de capital de riesgo, señala Chávez-Crooker.

Esto podría ocurrir ya el próximo año: Chávez-Crooker recientemente presentó el modelo de negocios de la empresa a potenciales inversionistas en Estados Unidos con buenos resultados.

Estas reuniones fueron posibles gracias a Endeavor, organización estadounidense sin fines de lucro que otorga a los emprendedores prometedores como Chávez-Crooker acceso a inversionistas de capital de riesgo y universidades como MIT y Stanford. “Muchas puertas se nos han abierto gracias a Endeavor”, sostiene.

Chávez-Crooker además está postulando a Innova de CORFO para que su firma sea registrada como un laboratorio nacional de investigación, lo que entrega beneficios tributarios a las empresas avaluados en un 45% de su inversión. “Este es un incentivo para que las empresas inviertan en innovación”, afirma.

Aguamarina ya ha ganado reconocimiento por sus innovadores procesos de biominería: hace poco fue nominada a un premio Avonni Innovation.

No obstante, si todo sale de acuerdo a lo planeado, el modelo de negocios de la empresa cambiará en el 2011 con un nuevo producto en el mercado, capital “inteligente” y nuevos subsidios de investigación. “Será un gran año”, señala Chávez-Crooker.

Aguamarina es también el nombre de una piedra semipreciosa que se encuentra en el desierto. “Es como un microorganismo, algo tan pequeño que uno no lo puede ver, pero que se sabe que está ahí”, sostiene.

Los microorganismos responsables del éxito de Aguamarina son invisibles a simple vista, pero no se necesita un microscopio para ver el futuro de esta compañía.

Chávez-Crooker y su equipo han demostrado que los científicos chilenos tienen el talento y la creatividad para ser líderes mundiales en biominería. Ahora, gracias a la cooperación con universidades en Estados Unidos e inversionistas de capital de riesgo, Aguamarina está lista para dar el próximo gran paso.

Julian Dowling es editor de bUSiness CHILE