Septiembre, 2008

¿La Tercera es la Vencida?

Por Axel Christensen
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Adicionalmente en Editorial: 
Panorama Económico
El ministro de Hacienda de Chile, Andrés Velasco, anunció recientemente un muy esperado paquete de nuevas reformas al mercado de capitales, conocido colectivamente como MK III. Este sigue -aunque no necesariamente en una secuencia lógica- a las reformas previas MK I (cerca del 2001) y MK II (cerca del 2007).

Las razones para el MK III se remontan a comienzos de la década de los 90, cuando Chile se distinguió al demostrar que un impresionante crecimiento económico era posible bajo un régimen democrático. A esas alturas, parecía casi obvio que Santiago tenía todo lo que se necesitaba para convertirse en el centro financiero de América Latina. La estabilidad económica y a nivel macro de Chile, así como la base cada vez más importante de ahorros internos creados a través de sus fondos privados de pensión, destacaban en una región que recién estaba emergiendo de su década perdida.

Casi 20 años después, las cosas no parecen haber ido más allá de la ilusión de ese sueño. La suerte de América Latina ha mejorado de manera significativa y los mercados más grandes -México y, en especial, Brasil- han tomado la delantera como centros financieros. Los países más relevantes de la región han conseguido el grado de inversión y ahora también tienen importantes fondos locales de ahorro, muchos basados en el sistema chileno de AFP. Al mismo tiempo, otros países del mundo como Irlanda, Luxemburgo y Singapur, que tienen muchas similitudes con Chile, han surgido como importantes centros de servicios financieros.

En este contexto, debiera considerarse que la meta del MK III es mucho más ambiciosa: establecer el escenario para transformar a Santiago en un centro de servicios financieros o ¡morir en el intento! Las medidas del paquete de reformas están estructuradas en torno a tres objetivos:

Primero, aquellas orientadas a profundizar los mercados financieros chilenos y a aumentar su liquidez. Estas incluyen modernizar los fondos mutuos y de inversión, aumentar la competencia del mercado de deuda pública y ampliar las exenciones tributarias a las ganancias de capital -que ya están disponibles para las acciones- para los bonos y fondos.

Segundo, el MK III apunta a ampliar los mercados de capital chilenos a nuevos emisores, en especial a pequeñas y medianas empresas. Los incentivos para crear un mercado de bonos de alto rendimiento además de la securitización de créditos para empresas son medidas que apuntan en esa dirección.

Por último, y de manera más importante, la reforma apunta a incrementar la integración de Chile en los mercados financieros mundiales, un objetivo sine qua non para servir como un centro financiero. La mayoría de estas medidas apuntan a aumentar el atractivo del mercado local tanto para los inversionistas extranjeros (principalmente globales) como para los emisores (principalmente regionales).

Más aún, Chile tiene ventajas características como centro para la gestión de activos, dado el conocimiento técnico desarrollado durante más de 25 años administrando las inversiones de los fondos de pensiones, las que actualmente superan con creces los US$ 100.000 millones. Además, los fondos soberanos relacionados con el cobre de Chile, que ya se acercan a los US$ 20.000 millones, podrían usarse de manera inteligente hacia esta meta, como lo hizo Singapur en la década de los 60.

Al mismo tiempo, los corredores chilenos han comenzado a expandirse como actores regionales en banca de inversión e intermediación, haciendo sus primeras paradas en Perú y Colombia. No están fuera de discusión nuevas alianzas en mercados más grandes como Brasil o México o, incluso, también con actores globales.

Sin embargo, no hay que tratar de encontrar una solución milagrosa -al menos lanzada desde el Ministerio de Hacienda- en la reforma MK III, que asegure esta vez la victoria de Chile en su objetivo de convertirse en un centro de servicios financieros. Un punto en común en las historias de éxito como las de São Paulo o Dublín es que, a fin de cuentas, es el sector privado el que es responsable de hacer que las cosas sucedan. El Novo Mercado de Brasil, una iniciativa privada para llevar el gobierno corporativo a los estándares de clase mundial, es el mejor ejemplo para quienes quieren tener éxito en esta empresa.

Quizás ahora es tiempo para terminar con los anuncios del MK y dar el siguiente paso en un proceso de mejora continua para los mercados de capital, donde los sectores público y privado piensen y actúen en conjunto. Quizás la tercera sí sea la vencida.

Axel Christensen es gerente general de Cruz del Sur Inversiones, parte del área de servicios financieros del Grupo Angelini. También fue asesor externo del Ministerio de Hacienda sobre temas relacionados con la competitividad financiera de Chile, donde parte de sus recomendaciones formaron parte de los anuncios del MK III.