¿Un Mundo Feliz?
Por Por Axel ChristensenEn las últimas semanas, hemos visto desarrollarse una profunda crisis financiera, que llevó a los mercados mundiales al borde de un colapso de proporciones. Sólo una respuesta muy decidida de las autoridades financieras gubernamentales los alejó de ese precipicio, pero no sin costos que aún no podemos identificar, ni mucho menos cuantificar. Más aún, tal como mostró el rechazo el 29 de septiembre del Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, por su sigla en inglés) por parte de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, los riesgos de desbarrancarse aumentaron de manera sustancial a medida que la crisis entraba a la arena política.
Estamos presenciando el fin del sistema financiero que ha dominado al mundo desde los Acuerdos de Bretton Woods de cara a las crisis del mercado y la economía de la década de los 30, y lo que parece ser la formación de un nuevo orden financiero. Si bien este mundo feliz financiero aún es difícil percibir, permítame aventurarme a entregar algunos puntos de referencia.
Una clara señal del cambio de los tiempos es la virtual desaparición de un importante actor en los mercados financieros mundiales durante las últimas décadas: el banco de inversión.
Ya sea debido a quiebra, adquisición u orden reguladora, los bancos de inversión como los conocemos dejaron de existir. Esto ciertamente es un hecho inesperado; hace sólo dos años Goldman Sachs, el emblemático banco de inversión, aparecía en la portada de The Economist como el amo del nuevo mundo financiero.
No obstante, el banco universal, que parece ser el formato sobreviviente del sector, no parece ser el claro ganador. Ciertamente, es difícil clasificar a instituciones como Citigroup o UBS tampoco pueden aparecer como tales dado que también han experimentado una tremenda tensión a lo largo de la crisis.
El mapa definitivo del nuevo mundo financiero aún está en proceso. No obstante, y de manera interesante, algunas insinuaciones de cómo podría desarrollarse el proceso -en particular en Estados Unidos- pueden recopilarse muy cerca. Pese a las diferencias obvias, la situación actual se asemeja en muchos aspectos a la crisis bancaria que experimentó Chile en la década de los 80. La gravedad de esa crisis también requirió de una significativa intervención gubernamental; en el caso de Chile de parte del banco central, en lugar del Tesoro.
En ambas situaciones, los accionistas existentes al momento de la intervención estaban esencialmente liquidados. Sin embargo, un plan de largo plazo en definitiva condujo a una recuperación parcial del valor, pese a que parte de las ganancias económicas fueron a parar a manos de un nuevo accionista: el propio Banco Central. Con el tiempo, esta entidad podría decidir si quería mantenerse como accionista, recibir dividendos preferentes (como hizo con el Banco de Chile) o vender sus acciones en el mercado (como hizo con el Banco Santiago).
El tema importante es entregar al Gobierno un beneficio atractivo si su intervención tiene éxito en restablecer la estabilidad de las instituciones financieras involucradas. Cualquier cosa menos que eso es claramente un mensaje erróneo.
Otro resultado previsto de la actual crisis es el regreso a una mayor fiscalización reguladora de aquellos actores que se han estado moviendo en un sistema financiero “clandestino”, fuera del control ejercido sobre los bancos tradicionales, de créditos y depósitos. Con certeza, esa es la dirección que se tomó en el caso de los ex bancos de inversión y las compañías de seguro. Sin embargo, aún hay dudas sobre qué ocurrirá con los fondos de cobertura en cuanto a que ellos también pueden ser una fuente de riesgo financiero sistémico. Más aún, también debieran haber cambios en otros actores menos exuberantes del mercado, principalmente agencias de riesgo crediticio y aseguradoras de mejora crediticia, que claramente no han estado a la altura de los desafíos de mercados financieros más complejos.
Será muy interesante ver cómo estos cambios afectan el panorama financiero local. ¿Cómo se adaptarán esas instituciones que han seguido el modelo estadounidense de bancos de inversión? ¿Es esto realmente un desafío o una oportunidad encubierta para ellos? ¿Presenciaremos nosotros también cambios a la regulación que aumenten la fiscalización de los actuales segmentos del mercado (tales como las compañías de seguro) o de los nuevos segmentos (por ejemplo, banca privada)? No se cambie de canal y sintonice este panorama.
Axel Christensen es gerente general de Cruz del Sur Inversiones, parte del área de servicios financieros de Grupo Angelini.