Vie, 01/06/2007 - 02:00 | por admin
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Acorde con su estrategia de integración internacional, Chile se prepara para adoptar un nuevo estándar mundial de contabilidad. Pero ¿qué significará esto para las empresas locales? Y, en el caso de las pequeñas empresas, ¿los beneficios justificarán los costos de este modelo?
Hay casi tantas formas de calcular las cuentas de una empresa como países hay en el mundo, lo que crea numerosos trámites para cualquier empresa que opere bajo más de una jurisdicción. Eso es lo que le ocurrió a Anglo American, empresa minera con sede en Reino Unido, cuando en el 2002 acordó comprar la cuprífera chilena Disputada de las Condes a la petrolera estadounidense ExxonMobil.
La tarea que enfrentaron los abogados y contadores de las empresas fue abrumadora, señala Daniel Joignant, socio de la firma de auditoría Deloitte en Santiago. Con cada empresa empleando sus propios estándares nacionales de entrega de información financiera, se necesitaron semanas de debate sólo para llegar a acuerdos sobre la definición de conceptos aparentemente simples como ganancias, EBITDA y activos netos, afirma.
Este es uno de los típicos problemas que surgen cada vez que dos empresas de distintos países tratan de fusionarse, algo que ocurre diariamente en la economía globalizada de hoy en día. Sin embargo, ya se está trabajando para crear un estándar contable mundial único -una especie de Esperanto para los contadores- que cortará con el miasma de normas superpuestas y contradictorias.
Desde el 2001, el Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB, por su sigla en inglés), ubicado en Londres, ha estado desarrollando normativas que armonizarán la entrega de información financiera alrededor del mundo. Hasta ahora, más de 100 países -desde Canadá a China- han adoptado o han anunciado, sus planes para adoptar la nueva normativa conocida como Normas Internacionales de Información Financiera o IFRS, por su sigla en inglés.
En el 2005, unas 7.000 empresas registradas en bolsas de la Unión Europea se cambiaron a los nuevos estándares. Asimismo, el IASB está trabajando con autoridades de Japón y Estados Unidos para homogenizar, durante los próximos años, las normas contables de ambos países con las IFRS.
Además de crear un lenguaje mundial único para la contabilidad, las IFRS apuntan también a hacer que las cuentas de las empresas sean más simples y transparentes. La nueva normativa se basa en principios, a diferencia de los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados (GAAP) de Estados Unidos los que -pese a su nombre- se basan en reglas.
Esto implica menores regulaciones puesto que las IFRS caben en un modesto manual de 3.000 páginas, lo que no se compara con la pequeña biblioteca de guías de regulación e interpretaciones para los auditores que acompañan a los GAAP. Además estas nuevos principios entregan a los contadores una mayor responsabilidad respecto de la exactitud y veracidad de los informes de sus clientes. "La responsabilidad de expresar la esencia de lo que está ocurriendo en la empresa recae sobre el contador", explica Joignant.
De hecho, los nuevos estándares confían mucho más en el juicio de una empresa y sus contadores. Son ellos quienes deben decidir, por ejemplo, si la compañía efectivamente controla una adquisición.
En consecuencia, una transacción similar puede presentarse de manera muy distinta dependiendo de si el control se define en términos de participación económica, derecho a voto o de las condiciones de un acuerdo paritario. Pero, los defensores de las IFRS señalan que este espacio para maniobrar se compensa con creces por la mayor transparencia del nuevo sistema, porque los criterios en que se basa la decisión son claros.
En este sentido, afirman, las IFRS dificultan mucho más a las empresas la posibilidad de que estas puedan esconder las deudas en otras entidades, fuera de los libros –saltándose todas las reglas-, tal como ocurrió en los escándalos contables de Enron y WorldCom que remecieron al mundo empresarial estadounidense hace cinco años.
¿Por qué las IFRS?
El interés de Chile por adoptar las IFRS se remonta al escándalo de las negociaciones de mercado a futuro que afectó a Codelco, la cupífera estatal del país, a mediados de los años 90, comenta Luis Alberto Werner-Wildner, presidente de la Asociación Nacional de Contadores, el órgano responsable de elaborar las normas contables usadas en Chile.
La asociación, consultada por el juez que investigaba el fraude sobre cómo debía calcularse el valor de las negociaciones de contratos forward en el mercado de derivados, encontró que las normas locales no hacían ninguna referencia a este tipo de transacciones y buscó las que se empleaban en otros lugares, recuerda Werner-Wildner.
Esto eventualmente condujo a un compromiso nacional, alcanzado el 2004 entre el gobierno y la asociación, para adoptar las IFRS a partir del 1 de enero del 2009. Con el fin de ayudar a financiar este proceso, el Banco Interamericano de Desarrollo acordó entregar una subvención de US$750.000 y el gobierno de Chile acordó hacer un aporte de igual valor.
Previo a la fecha de implementación, el sistema bancario de Chile ya ha tomado algunas medidas sobre los nuevos estándares, que están alineados con una transición gradual al Nuevo Acuerdo de Capital Basilea II, destaca el regulador bancario Gustavo Arriagada. Como las IFRS, Basilea II también pone énfasis en la información financiera, la transparencia y la disciplina del mercado, más que en la supervisión basada en normas.
Los bancos han empezado a usar criterios internacionales de información financiera en áreas que incluyen los derivados y la securitización, señala Arriagada. De hecho, según los operadores de mercados de capital, los nuevos estándares debieran facilitar el camino de Chile hacia el desarrollo de su mercado de derivados -una meta largamente anhelada- al hacer más transparente el valor real de estos instrumentos.
El cambio a las normas IFRS es obligatorio para Chile en virtud de sus recientes acuerdos comerciales, pero, siendo una economía abierta con importantes lazos con la economía global, los beneficios en cualquier caso son obvios, afirma Joignant. Además del ahorro en el papeleo para las empresas multinacionales que operan en Chile, hará más fácil -por ejemplo- que los potenciales inversionistas extranjeros midan a las empresas chilenas.
Sin embargo, los resultados de las compañías pueden varias significativamente cuando adopten las nuevas normas. La empresa francesa de telecomunicaciones Alcatel, por ejemplo, se encontró con que sus ganancias eran dos veces más altas según el nuevo sistema de lo que eran en virtud del antiguo sistema contable de Francia, mientras que el endeudamiento de las empresas públicas europeas como un todo aumentó en un 55%.
Pero, al mantener a los inversionistas informados sobre el esperado impacto de cara a la adopción de las IFRS, las empresas en Europa se las arreglaron para mantener las repercusiones dentro de un mínimo absoluto. "Fue como el Y2K, el cambio llegó y no pasó nada", destaca Joignant.
No obstante, también plantea la pregunta de qué ocurrirá en Chile. Tales cambios en los niveles de ganancia no sólo afectarían la distribución y el pago relativo al desempeño de los ejecutivos de la empresa, sino que también podrían significar importantes variaciones en los precios de las acciones, lo que generaría volatilidad en el mercado.
Desafíos de la Transición
Las empresas chilenas están acostumbradas a registrar activos según su valor histórico -o el precio que pagaron por ellos- mientras que las IFRS emplean el concepto de “valor justo”, o cuánto costaría el activo en las actuales condiciones del mercado.
Eso es razonablemente fácil para, digamos, las empresas mineras, el valor de cuyas reservas de cobre se deciden diariamente en las bolsas internacionales de commodities. Sin embargo, es más difícil -por ejemplo- para las viñas, el valor de cuyos vinos y barricas puede cambiar por el capricho de un crítico de vinos.
Han surgido dudas respecto de si todas las compañías chilenas estarán listas para aplicar las nuevas normas cuando entren en vigencia en enero del 2009. Mientras la Unión Europea optó por partir con las empresas públicas, Chile decidió efectuar el cambio a todo nivel de una sola vez.
Esto significa preparar a todas las empresas del país para la nueva normativa "desde los conglomerados industriales hasta el quiosco de diarios de la esquina" en menos de dos años, afirma Joignant, quien se opone a este enfoque tipo "Big Bang".
Uno de los riesgos es la falta de suficientes contadores, consultores y expertos en TI con el conocimiento necesario para implementar el nuevo sistema. "A los contadores que se están formando hoy en día aún se les enseñan los estándares antiguos, lo que significa que sus estudios quedarán obsoletos para cuando se gradúen", sostiene Joignant.
Sin embargo, Werner-Wildner resta importancia a estas críticas, destacando que la asociación ha implementado un importante programa para difundir el conocimiento de las IFRS tanto a través del gremio como de la comunidad empresarial y de los entes reguladores. Los cursos para profesores de contabilidad les permitirán entregar a los estudiantes un nivel de conocimiento básico de modo que, con poca capacitación en el trabajo, podrán manejar las nuevas normas, señala.
En abril, Alberto Etchegaray, el entonces titular de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) de Chile, anunció que -acorde con la decisión de la Asociación de Contadores- la entidad insistiría en que las cerca de 120 empresas con más de un 25% de sus acciones registradas en la Bolsa de Comercio de Santiago y sus filiales migraran a las IFRS el 1 de enero del 2009.
Un sondeo de la SVS mostró que cerca del 20% de estas grandes empresas, principalmente filiales de compañías europeas de los sectores bancario y energético, ya estaban elaborando informes que cumplían con las IFRS, mientras que la mayor parte del resto había comenzado a analizar la nueva normativa.
Estas últimas empresas tienen hasta fines de este año para familiarizarse plenamente con los estándares y evaluar el impacto de ellos en sus resultados de manera de estar listas para elaborar informes de resultados que cumplan con las IFRS a partir del primer trimestre del próximo año a fin de poder establecer una comparación en el 2009.
No obstante, si bien las grandes empresas de Chile pueden contar con los recursos y el conocimiento técnico para hacer el cambio, Joignant advierte que las miles de pequeñas y medianas empresas (Pymes) del país tendrán problemas para implementar las nuevas regulaciones antes de abril del 2010 cuando presenten sus informes anuales de resultados del 2009.
La situación podría mitigarse con una versión simplificada de las IFRS, diseñada especialmente para las Pymes, sugiere. Un primer borrador de estas "IFRS light" se dio a conocer recientemente para que la opinión pública hiciera comentarios, mientras que la versión final se espera para marzo del próximo año.
Eso daría a las empresas más pequeñas de Chile buenas posibilidades de cumplir con las nuevas normas a tiempo. Y también tendría la ventaja de reducir los costos del cambio al tiempo que aún permite a Chile aprovechar las ganancias de este nuevo paso hacia la integración internacional.
Tom Azzopardi trabaja como periodista freelance en Santiago.