Abril, 2011

El Dilema de la Sequía de Chile

Por Tom Azzopardi
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Chile ha sido golpeado por una segunda sequía en apenas cuatro años, lo que amenaza a la agricultura y los suministros de electricidad. El gobierno está implementando medidas para mitigar su impacto. Pero, ¿son los bajos niveles de lluvia registrados recientemente parte de una tendencia de más largo plazo? ¿Está Chile preparado para abordar el desafío?

En los últimos años, los chilenos se han acostumbrado a oír hablar sobre La Niña. En contraste con El Niño, el fenómeno climático trae consigo condiciones meteorológicas inusualmente calurosas y secas a la costa del Pacífico en América del Sur, lo que reduce las lluvias desde el sur de Chile hasta el norte de Colombia.

El año pasado se volvió a sentir. Las últimas cifras de la Dirección General de Aguas (DGA) de Chile, parte del Ministerio de Obras Públicas, muestran que los embalses del país estaban en apenas un tercio de su capacidad total con los niveles de agua un 45 por ciento por debajo de su promedio histórico.

La sequía ha sido menos severa que la anterior en el período 2007-2008 con escasez de agua declarada en apenas 9 zonas frente a las 34 zonas de hace tres años, pero la zona central de Chile se ha visto duramente afectada.

Esta vez es la Región de Coquimbo la que se ha visto más golpeada.

En enero, el Ministerio de Obras Públicas declaró emergencia de obras de agua rural para toda la región y algunas zonas de la vecina Región de Valparaíso, debido a que quedó claro que las bajas lluvias del año pasado podrían amenazar los suministros de agua para los agricultores.

Esto da al Gobierno facultades para intervenir los sistemas de riego, entregar suministros de agua de emergencia a comunidades rurales y pienso para animales para el ganado que no cuenta con suficiente pasto.

Dada la importancia de la agricultura en Coquimbo -la región produce el 40 por ciento de las exportaciones de cítricos de Chile y más de la mitad de sus papas-, la sequía amenaza con tener un serio impacto en su economía que, como el resto de Chile, se ha venido recuperando de la crisis financiera del 2008.

Con menos agua en los canales de riego, los agricultores están plantando menos y podando los árboles existentes de modo que no den fruto y sobrevivan a la sequía, afirma Sergio Gahona, intendente de la Región de Coquimbo.

Esto significa menos para cosechar y empacar con un efecto potencialmente drástico en el empleo estacional en la agricultura de la región, el que corresponde a un 8 por ciento de la fuerza laboral de Coquimbo.

“El problema no va a ser esta temporada, sino la siguiente”, sentencia Gahona.

Hasta 3.000 empleos se podrían perder producto de la sequía, mientras que el crecimiento económico podría reducirse en un 1 punto porcentual, añade.

El gobierno regional ahora está preparando programas de empleo de emergencia para ayudar a mantener a la gente trabajando durante el período de sequía. Muchos serán empleados en proyectos para mejorar los suministros de agua, profundizar y ampliar los actuales pozos de agua, y fortalecer los canales.

En total, Gahona estima que el gobierno gastará US$ 10 millones adicionales este año para mitigar el impacto de la sequía en la región.

Si bien Coquimbo ha sentido la mayor parte de la sequía, La Niña se ha sentido a lo largo de la zona central y sur de Chile por medio de su efecto sobre los suministros eléctricos.

Bajos Embalses

La hidroelectricidad corresponde a cerca del 45 por ciento de la capacidad instalada del Sistema Interconectado Central (SIC), la principal red eléctrica del país, pero sólo un embalse en todo el país –Laja– tiene la capacidad para almacenar agua de un año para otro, lo que hace que el sistema sea altamente vulnerable a las variaciones anuales de las lluvias.

El invierno seco del año pasado dejó los niveles de agua en los embalses hidroeléctricos cerca de mínimos históricos y, en algunos casos, las centrales están teniendo dificultades para generar electricidad. Los niveles de agua en el enorme embalse Rapel, a 120 kilómetros al suroeste de Santiago, han caído tanto que los edificios inundados con su construcción se han vuelto visibles por primera vez en casi 40 años.

Como resultado, la generación hidroeléctrica ha declinado en casi un 20 por ciento respecto de un año atrás.

Desafortunadamente, este escenario es demasiado familiar para los chilenos. Una crisis energética en 1998, causada por un invierno seco, obligó al gobierno a implementar apagones sucesivos para ahorrar agua, lo que fue seguido por otra crisis en el 2008.

El gobierno confía en que el racionamiento no será necesario esta vez, pero como precaución, ordenó que los embalses de más al sur conservaran agua, que se redujera el voltaje en el SIC en un 10 por ciento e instó a los hogares y las industrias a reducir el consumo. El horario de verano (para ahorrar energía) se extendió además en un par de meses para aprovechar la luz del sol durante las tardes, en las que se consumen grandes cantidades de energía.

No obstante, el mayor impacto estará en los precios de la electricidad al tiempo que para cubrir la escasez, el sector eléctrico se vuelca hacia centrales eléctricas a diésel, las que son más costosas. Los precios de la electricidad en el SIC ya se han duplicado con creces en los últimos meses a cerca de US$ 220 por megavatio hora.

Esto significa mayores cuentas para las familias y la industria, lo que está haciendo subir la inflación, si bien son las propias empresas de electricidad, expuesta a los precios de mercado, las que podrían verse más afectadas.

Una solución es construir más embalses, pero tras décadas de desarrollo los sitios mejores y más sencillos ya se han desarrollado, afirma el ministro de Minería y Energía, Laurence Golborne. Los que quedan son ya sea los menos eficientes o bien los que se ubican en áreas ambiental o socialmente delicadas.

La mayor parte del potencial hidroeléctrico de Chile yace en el extremo sur del país, en la remota Región de Aysén donde Colbún, Endesa y Xstrata están impulsando planes para desarrollar embalses pese a la vehemente oposición de los ambientalistas. A diferencia de la zona central de Chile, Aysén no está sujeto a los mismos ciclos de lluvia que regularmente afectan la hidroelectricidad más al norte, lo que asegura una fuente de energía mucho más confiable.

Sin embargo, debido a las dificultades para obtener los permisos y transportar la electricidad a los centros de consumo, sigue siendo incierto cuándo, o si es que, estos embalses se desarrollarán.

Mientras tanto, la industria eléctrica recurre cada vez más a las centrales termoeléctricas para satisfacer la creciente demanda de electricidad de Chile, las que reducirían el impacto de futuras sequías sobre el suministro eléctrico, pero generan otras preocupaciones, en especial de carácter ambiental.

Cambio Climático

Si bien el efecto de la sequía de este año podría ser limitado y de corta duración, parece que tales eventos se están volviendo más frecuentes y forman parte de una tendencia más amplia.

“Este no es un problema nuevo”, sostiene Gahona de Coquimbo. “Ha habido escasez de agua durante los últimos 10 años, evidentemente el problema es acumulativo.”.

Un sospechoso es el cambio climático: un informe del 2009 realizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile sobre el impacto del calentamiento global en Chile sugirió que el país se volverá más caluroso y más seco durante la próxima década, lo que significa veranos más templados en el sur, pero efectos potencialmente catastróficos en el ya árido norte del país.

El futuro impacto del calentamiento global está lejos de estar claro. De hecho, otros modelos sugieren que el norte de Chile podría registrar más lluvias como resultado de él, pero es un riesgo que las empresas están tomando seriamente.

Alrededor del mundo, el agua es considerada cada vez más como un activo estratégico para las empresas y los gobiernos, en particular en donde escasea.

Este ciertamente es el caso del norte de Chile, que alberga al desierto más árido del mundo, en donde -tras dos décadas de rápida expansión- las ciudades, la agricultura y la industria minera se encuentran crecientemente en disputa por los escasos suministros de agua de la región.

En algunas cuencas de ríos, el Gobierno ha tomado medidas, por ejemplo, mediante la prohibición del otorgamiento de nuevos derechos de agua desde el acuífero de Calama. En otras, como en el Valle de Copiapó, parece ser demasiado tarde. Los derechos de extracción otorgados por el Gobierno superaron el volumen de agua disponible y en consecuencia, el nivel del acuífero subterráneo ha caído por años.

Cada Gota Cuenta

Para regiones dependientes de la agricultura como la de Coquimbo, encontrar maneras de utilizar los suministros de agua de manera más eficiente es vital a fin de mantener el crecimiento.

Los agricultores de Coquimbo son relativamente eficientes en el uso de agua y más de la mitad emplea técnicas avanzadas de riego, pero hasta el 70 por ciento del agua se pierde en la red de canales de riego de 536 kilómetros que tiene la región, de los cuales sólo el 10 por ciento está revestido, señala Gahona.

El gobierno ahora planea desembolsar US$ 220 millones para revestir canales en puntos clave, pero la solución de largo plazo es construir una serie de embalses durante la próxima década que elevarán la capacidad de almacenamiento del país en un 25 por ciento a cerca de 5.000 millones de metros cúbicos.

Siete de estos se construirán en Coquimbo, lo que aumentará la capacidad de almacenamiento de agua de la región en un 23 por ciento a 1,6 millones de metros cúbicos.

Según Gahona, la expansión es mejor tarde que nunca. "Estos son proyectos que deberían haberse llevado a cabo hace 15 años", afirma.

Más que sólo añadir capacidad de almacenamiento, los nuevos embalses permitirán que Coquimbo expanda su tierra agrícola en un 50 por ciento a 113.000 hectáreas.

"Esto será un impulso para el desarrollo”, señala el intendente.

Pero además de construir nueva infraestructura, Gahona sostiene que la región también tendrá que encontrar maneras de utilizar el agua con mayor eficiencia, incluida la plantación de cultivos que necesiten menos riego como los olivos.

Chile se ha convertido en un importante productor de aceitunas en los últimos años, pero relativamente pocos olivos se desarrollan en Coquimbo. Producir más cultivos como este permitiría que la agricultura de la región crezca sin usar más agua y la haría más resistente a las sequías, indica Gahona.

Mineras Sedientas

Quizás la industria más amenazada por la escasez de agua de Chile sea la minera.

El recurso es de vital importancia para el sector, que consume enormes volúmenes para separar valiosos minerales con contenido de cobre de minerales más pesados en enormes celdas de flotación.

No obstante, la industria consume sorprendentemente poca agua si se le compara con otras actividades, sostiene Jorge Proust, consultor de agua para la industria minera.

En las regiones del norte de Chile, la minería extrae menos de 12 metros cúbicos por segundo, lo que se compara con los casi 40 metros cúbicos utilizados por las empresas de agua y los 170 metros cúbicos de la agricultura.

El problema es que la minería está concentrada en su gran mayoría en el árido extremo norte del país, lo que significa que es un importante consumidor justo donde los suministros son más escasos. En la Región de Antofagasta, donde la agricultura es insignificante, el sector corresponde a casi dos tercios del consumo de agua.

Con el agua ya en baja provisión, la industria minera se ha esforzado con cierto éxito en mejorar la eficiencia, reutilizando el agua una y otra vez para minimizar la extracción.

Según la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), la industria minera usó apenas 0,79 de metro cúbico de agua para procesar una tonelada de mineral en el 2006, un 28 por ciento menos que los 1,1 metros cúbicos del 2000.

No obstante, las leyes minerales en casi todas las minas han estado cayendo, lo que significa que las empresas mineras deben procesar más mineral para producir la misma cantidad del metal.

Alistair Marsh, gerente de aguas residuales de la firma local de soluciones químicas Sinquiver, afirma que la industria chilena podría hacer más en términos de la reutilización del agua.

La tecnología de membranas permite a las industrias reciclar el agua de manera casi indefinida, lo que reduce drásticamente el consumo, destaca.

Dicha tecnología es costosa y utiliza mucha energía, pero los beneficios serían significativos. Los productores chilenos de celulosa, presionados por el impacto ambiental de sus emisiones, la están evaluando, asevera Marsh.

Y pronto podrían no tener opción. La DGA, junto con otras entidades públicas, está tratando de introducir regulaciones que forzarían a las empresas a reciclar agua y usarla de manera más eficiente.

Aún así, la minería necesita más agua.

Con el precio del cobre y otros metales en máximos récord, la industria planifica una enorme expansión para incrementar la producción del metal rojo en un 35 por ciento para el 2020 y triplicar la producción de oro.

Según Cochilco, esto implicará un aumento del 45 por ciento en la cantidad de agua consumida por la industria.

No obstante, hallar nuevas fuentes de agua es cada vez más difícil, si no imposible. Y, aún cuando se encontraran nuevas fuentes, otras preocupaciones podrían interponerse.

Los planes de BHP Billiton de bombear agua de acuíferos ubicados a mucha altura en la cordillera de los Andes a 190 kilómetros de su mina de cobre Escondida, la más grande del mundo, fueron pospuestos luego que las autoridades ambientales manifestaran sus preocupación sobre el efecto del proyecto en los humedales de las zonas cercanas.

Agua, Agua, Por Todas Partes

Una fuente más próxima es el Océano Pacífico, que no tiene ninguna escasez de agua.

Esta opción, ya sea a través de la desalinización o bien mediante la utilización de agua salada sin tratar en los distintos procesos, aún se encuentra en sus primeras etapas, pero se espera que gane terreno dada la falta de alternativas para la industria.

BHP Billiton ya suministra agua a Escondida desde una planta de desalinización y ha presentado planes para una planta mucho más grande, avaluada en más de US$ 3.500 millones.

La firma de mineral de hierro CAP y la canadiense Goldcorp están evaluando plantas de desalinización para nuevas minas en la Región de Atacama.

En tanto, Antofagasta Minerals inauguró recientemente su nueva mina Esperanza, la primera en Chile en usar un 100 por ciento de agua salada en sus operaciones.

La utilización de agua salada genera costos adicionales. Además de las instalaciones, desalinizar el agua y bombearla a la mina requiere enormes cantidades de electricidad, en especial para operaciones ubicadas bien tierra adentro y a miles de metros por sobre el nivel del mar.

Pero este es un costo que las empresas mineras están cada vez más preparadas para asumir.

“Sin el agua salada, habría sido muy difícil dado el volumen de agua que requerimos”, dijo a bUSiness CHILE Christian Thiele, gerente general de la mina Esperanza, en la inauguración de la mina, oportunidad en la que elogió como un ejemplo de innovación al presidente Sebastián Piñera.

Algunos en el Gobierno lo ven como la única opción de la industria en áreas donde el agua es escasa. "La industria minera tiene que aceptar que tiene que usar agua salada”, asevera Gahona.

Otro plan impulsado por algunos es construir una ducto gigante para bombear agua dulce desde el templado sur de Chile hacia el árido norte del país.

Los costos podrían ser considerablemente más bajos que construir una serie de plantas de desalinización si se hace con un tamaño suficientemente grande. Pero extraer agua del sur para abastecer al norte generaría cuestiones políticas, señala Proust.

Las regiones del sur de Chile -que cuentan con grandes recursos de agua, como las del Bío Bío y La Araucanía, y figuran entre las más pobres del país- podrían ver truncado su desarrollo económico, al tiempo que las sequísimas regiones mineras de Chile se vuelven más ricas.

Por ahora el ducto sigue siendo un sueño, pero la sed de la industria minera debe apagarse para que Chile continúe creciendo. Con La Niña como una constante amenaza, Chile debe idear una forma de manejar sus recursos hídricos de manera eficiente o el germen del desarrollo podría marchitarse.

Tom Azzopardi trabaja como periodista freelance en Santiago