Octubre, 2008

Desarrollando un Oasis Turístico

Por Por Tom Azzopardi
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San Pedro de Atacama está experimentando un auge turístico, pero tiene que equilibrar el desarrollo con las riquezas naturales que atraen a los turistas en primer lugar.

San Pedro de Atacama ha sido durante mucho tiempo parte esencial de la imagen de Chile en el extranjero. Asentado bajo los Andes en un oasis en el desierto de Atacama, es un símbolo del vasto norte así como también de la herencia indígena de Chile.

Con sus humeantes géiseres, los paisajes lunares del Valle de la Luna y el Salar de Atacama y su andina vida silvestre, es además un lugar para las aventuras naturales. Eso ha convertido a San Pedro de Atacama en una popular parada para mochileros que van en viaje a Bolivia y Perú, lo que da a la localidad una sensación de despreocupación y relajo.

“Llegas ahí y das un suspiro, es imposible no relajarse”, señala Fiona Martin, gerente de ventas y marketing de Tierra Atacama, un nuevo hotel de la localidad.

Pero, pese a estos encantos naturales, San Pedro a menudo sale perdiendo frente a los atractivos mejor conocidos del sur de Chile como la Región de los Lagos y el Parque Nacional Torres del Paine. Eso cambió ahora, afirma Martin.

A medida que Chile ha subido en los rankings de destinos más populares del mundo, turistas más sofisticados buscan cada vez más “lugares apartados donde nadie más ha estado”, comenta. “Si bien antes era el pariente pobre, los principales operadores turísticos ahora ofrecen a San Pedro como parte del circuito de Chile”.

Las cifras de los primeros seis meses de este año muestran que la cantidad de visitantes de San Pedro subió a 33.403, un alza de más del 20% frente al mismo período del año pasado. Y no es sólo una cuestión de cifras.

Más de dos tercios de esos visitantes vinieron del extranjero. Esa tendencia refleja los esfuerzos del Gobierno y la industria turística por atraer más visitantes de lugares más lejanos, que -en promedio- no sólo toman vacaciones más largas, sino que también tienen mayores presupuestos, señala Gustavo Herrera, director regional del Servicio Nacional de Turismo (SERNATUR).

Por ejemplo, los españoles y alemanes gastan en promedio US$60 por día y se quedan más del doble del tiempo que sus contrapartes de la vecina Argentina. “La política de turismo del Gobierno no implica más turistas, sino más bien turistas que gasten más”, afirma Herrera.

Millones de dólares invertidos en nuevos hoteles y restaurantes también han sido un ingrediente vital para atraer visitantes a San Pedro. No hace mucho tiempo, el lujoso hotel Explora era el único establecimiento que atendía a turistas de altos ingresos, pero los últimos cinco años han sido testigos de como se construyen ahí media docena de hoteles de primer nivel, como Tierra Atacama.

Avanzando hacia el Mercado de Alto Nivel

Mezclan un servicio de alta calidad que no estaría fuera de lugar en Santiago con la atención a los detalles de manera que los visitantes sientan que están disfrutando de una experiencia auténticamente atacameña. Por ejemplo, muchos incorporan diseños y materiales indígenas tradicionales en su arquitectura para que concuerde con el paisaje y el pueblo que los rodea.

El auge hotelero ha sido alcanzado por una revolución en los restaurantes, añade Herrera, con mesas gourmet en reemplazo de las añejas listas de platos tradicionales que alguna vez predominaron.

En una nueva visita al pueblo luego de 30 años de la primera, el abogado Roberto Ossandón señala que la transformación es impresionante. Los guías bilingües son lo común y, por ejemplo, la gente está consciente de la necesidad de mantener las calles limpias, destaca.

Pero los dueños de hoteles y restaurantes no han sido los únicos que se han beneficiado con el auge turístico de San Pedro.

Un proyecto conjunto de CONAF, que administra los parques y reservas nacionales de Chile, y la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) otorgó a las comunidades indígenas el derecho a administrar varios de los principales atractivos de la zona, incluidos los géiseres de El Tatío y el Valle de la Luna, que consideran parte de su identidad.

A cambio de cobrar una entrada, las comunidades son responsables de administrar los sitios, mantenerlos limpios y proporcionar guías. Además de proveer ingresos a las comunidades indígenas, el esquema también exige que un porcentaje de las ganancias se reinvierta en los sitios, lo que ha generado una mejora radical en los atractivos más populares de la zona.

Baños limpios y modernos en los géiseres de El Tatío implican que los visitantes “ya no encuentran papel higiénico esparcido por todas partes”, dice Martin. Senderos demarcados también impiden que los vehículos destruyan estructuras geológicas milenarias y que los turistas caigan en piscinas subterráneas de agua hirviendo.

El programa muestra que el turismo en San Pedro “no es sólo un negocio que genera ganancias, sino que es también un proceso cultural de integración social en el que todos participan”, sostiene Herrera.

No obstante, existe preocupación en cuanto a que la región podría estropearse con demasiados visitantes y matar así a la gallina de los huevos de oro. Los grupos de turistas tienden a agolparse en algunos sitios a ciertas horas del día –por ejemplo, para disfrutar del atardecer en el Valle de la Luna o para ver los géiseres en El Tatio al amanecer, el único momento en que el aire frío hace visible las crecientes emanaciones de vapor.

El problema aún no es crítico, señala Herrera, pero la industria y el Gobierno ya están trabajando para promover actividades alternativas. Por ejemplo, Alain Maury, un francés que vive en San Pedro, ofrece excursiones nocturnas al desierto para contemplar las estrellas, aprovechando sus claros cielos.

Alguna vez fue considerado excéntrico por los demás operadores, pero ahora atrae hasta 60 turistas por noche, señala.

La construcción del telescopio ALMA (siglas en inglés de Atacama Large Millimeter Array) cerca de San Pedro debiera crear más oportunidades para el turismo astronómico, predice Martin, quien está planificando un tour para contemplar las estrellas para los huéspedes del Tierra Atacama, el que se basa en astrología Inca.

Los deportes aventura como la práctica de sandboard y mountain bike también están despegando y hay un proyecto en curso para desarrollar excursiones de trekking basadas en las ex rutas de comercio que alguna vez se cruzaban de un lado al otro entre el norte de Chile, Argentina y Bolivia, dice Herrera.

Presentar un mayor rango de actividades no sólo debiera restar presión a los lugares más populares, sino que alentar a más visitantes a extender su estadía a más de dos o tres días.

Encontrar el Equilibrio

Si bien esto podría quitar parte de la presión que hay sobre los principales atractivos, las crecientes cifras turísticas están tensionando los recursos en el área en general. Con recursos de agua limitados, ningún hospital y ningún banco, la infraestructura general del pueblo no ha podido seguir el ritmo del rápido crecimiento de la cantidad de camas de hotel.

Fiona Martin afirma que las autoridades tendrán que pensar seriamente si el pueblo puede resistir más hoteles. “A estas alturas, San Pedro probablemente alcanzó sus límites naturales, van a tener que tomar medidas drásticas si quieren seguir a este nivel de crecimiento”, asevera.

Si bien no pide que la cantidad de visitantes se limite, Herrera señala que la atención ahora debiera centrarse en hacer que San Pedro apunte al mercado de mayores ingresos.

“Queremos una cantidad razonable de turistas basados en la capacidad de los atractivos, pero turistas que estén preparados para pagar más por un servicio exclusivo”, sostiene. “San Pedro de Atacama no está interesado en atraer más y más turistas, lo que queremos es calidad”.

Sin embargo, los turistas no son el único grupo interesado en los escasos recursos de San Pedro.

La rica mineralogía de la región y la relativa riqueza de recursos hídricos, si se le compara con gran parte del norte de Chile, han atraído la atención de muchas empresas mineras que dominan la economía de esta parte del país. Gran parte del Salar de Atacama, por ejemplo, ya es controlado por empresas mineras que extraen litio y otros minerales.

Como parte de programas de responsabilidad social empresarial, algunas empresas mineras están ayudando a abordar el tema de la escasez de recursos. Minera Escondida, por ejemplo, formó una alianza con el Ministerio de Obras Públicas, el Gobierno Regional de Antofagasta y la municipalidad de San Pedro para proporcionar agua potable a 16 comunidades rurales en el área en que se emplaza la mina.

Pese al poder de la industria minera, las autoridades también están conscientes de la creciente importancia del turismo y no han rehuido rechazar proyectos que amenazan los atractivos para los visitantes de la región, destaca Herrera. Sin embargo, podrían enfrentar una tarea difícil al evaluar planes para desarrollar energía geotérmica de la misma geología volcánica que da origen a los géiseres de El Tatio.

Desarrollar el enorme potencial de energía geotérmica de Chile es una parte clave de los planes del Gobierno para aliviar la escasez energética del país y reducir su dependencia del petróleo y gas importado. En este contexto, la petrolera estatal ENAP, trabajando en conjunto con la firma energética italiana Enel, ya cuenta con la aprobación para comenzar la perforación exploratoria en el sitio.

No obstante, el proyecto ha generado una férrea oposición tanto de grupos indígenas, quienes consideran sagrados a los géiseres, como de los operadores turísticos. Herrera es cuidadoso en no atacar un proyecto que aún debe revelarse, pero sugiere que ambos intereses tendrán que encontrar formas de adecuarse uno a otro.

Destaca que, por ejemplo, la Laguna Azul de Islandia -una piscina gigante de agua marina calentada por emanaciones geotérmicas- es una de las mayores atracciones del país. Con el tiempo, el tipo de proyecto geotérmico adecuado podría terminar siendo un atractivo para visitantes con conciencia ambiental ansiosos por ver en acción una fuente de energía no contaminante, espera.

San Pedro de Atacama finalmente ha comenzado a beneficiarse de sus asombrosos paisajes y culturas únicas, pero requerirá soluciones imaginativas como esta para garantizar que tales riquezas intangibles no se echen a perder en el proceso.

Tom Azzopardi trabaja como periodista freelance en Santiago.